tatuaje en uruguay por valentina brena

indio


Facultad de Humanidades y Ciencias de la Educación
Departamento de Antropología Social
Taller de Antropología Social II

 

PROYECTO DE INVESTIGACIÓN

“Procesos de construcción y clasificación del tatuaje en el Montevideo
actual”

Montevideo, 03 de agosto del 2007

 

 

 

 

 

 

 

 

 

RESUMEN
Se intenta abordar como tema el tatuaje en el Montevideo actual, a
modo de ver y entender cómo las personas hacen uso de su cuerpo
diferencialmente, en función de determinadas pautas, que impone (y de algún modo
normaliza) el grupo cultural al que pertenecen.
Se estudia el tatuaje a través de diferentes ejes temáticos, que
sirven al mismo tiempo de guía de investigación. Se busca conocer los
significados que envuelven a una práctica que acompaña a los individuos hasta
el resto de sus vidas: dado que implica la introducción de tinta
dentro del cuerpo de los sujetos, de forma permanente.
El tema permite introducirnos en la manera de pensar y sentir del
grupo pesquisado, teniendo en cuenta sus propios sistemas de clasificación
de lo que es el tatuaje para ellos, a diferencia de lo que puede llegar
a ser para los demás: los “otros”.

PALABRAS CLAVES: cuerpo- cultura-tatuajes-arte-expresión.


ÍNDICE

 

1. Introducción
1.1 Presentación del tema de investigación ………………………………………………5
1.2 Marco en que se encuadra el proyecto de investigación
……………………………...8
2. Estrategias: procedimientos de ejecución
2.1 Procedimientos metodológicos ……………………………………………………...14
2.2 Procedimientos técnicos e instrumentales
…………………………..........................15
3. Génesis de la tinta en la carne …………………………………………..18
4. Historia del tatuaje en Montevideo ……………………………………..26
5. Tatuaje: desintegración/integración ¿Por qué los jóvenes se tatúan?
…...36
6. El tatuaje y sus distintas dimensiones …………………………………..41
7. Existe más tatuaje “comercial” que “artístico”, ¿por qué? ……………..53
8. Tatuadores tatuados ……………………………………………………..57
9. Tatuadores como artistas; la piel ¿un lienzo complicado? ...……………60
10. Tatuaje ¿una nueva forma de pragmática?
…….....................................64
11. Momentos de reunión ………………………………………………….67
12. Conclusiones …………………………………………………………..78
13. Bibliografía …………………………………………………………….81
14. Anexo.....…………………………………………………………..…..85
15. Glosario.……………………………………………………………….93

1. INTRODUCCIÓN

1.1 PRESENTACIÓN DEL TEMA DE INVESTIGACIÓN:

Esta investigación se desarrolla en el marco de la Antropología Social,
a modo de dar cuenta de la corporeidad humana como fenómeno social y
cultural.
El estudio se realizó en la ciudad de Montevideo, Uruguay, durante el
transcurrido año 2006 y el presente 2007. Se trata de una pesquisa que
intenta abordar el tema “tatuaje” desde el punto de vista emic, a modo
de acceder a las percepciones de los sujetos investigados a la hora de
relacionarse con su cuerpo.
Este estudio incluye información de tipo “mixta”, dado que constituye
un abordaje empírico, con trabajo de campo controlado, como de gabinete
(análisis de la información recabada, conclusiones, etc.), en función
de una metodología de tipo cualitativa. La naturaleza de la
investigación es exploratoria-descriptiva para luego ser interpretativa.
La elección del tema se fundamenta dado que nos permite conocer una
práctica que llevan a cabo determinados sujetos de nuestra sociedad,
práctica que en cada lugar y momento que se realiza, toma diferentes
significados más allá del parecido básico (siempre consiste en marcar el
cuerpo de forma permanente por medio de la introducción de tinta en al
piel).
A efectos de poder aplicar un estudio de este tipo, lo trasladamos a un
ejemplo contemporáneo en relación al uso del cuerpo como un modo de
“hacer arte”. El estudio se centra en los procesos de construcción y
clasificación del tatuaje en el Montevideo actual.
Desde un punto de vista emic, corresponde a hacer una distinción entre
el tatuaje “artístico” y el “comercial”, diferencia dada por los
sujetos investigados; por ejemplo, uno de los más connotados dirigentes de la
Asociación Uruguaya de Artistas Corporales (A.U.D.A.C.) se alarmaba
porque había gente que venía con revistas de chismes a pedir que le
tatúen lo mismo que tiene alguna modelo argentina.
El estereotipo del tatuaje “comercial”, está dado (por ejemplo) por
las letras chinas (véase glosario) y las estrellas, diseños que suelen
ser pequeños (de 5cm. de diámetro) y que forman parte de la moda en la
actualidad (algo en lo que coinciden la gran mayoría de los sujetos
investigados).
Por otra parte, el tatuaje “artístico” parece no tener estereotipo
alguno, pues justamente se caracteriza por la exclusividad, la originalidad
y un mayor tamaño (aunque no necesariamente). Sin duda, esta segunda
categoría resulta más difícil de caracterizar y por tanto constituye el
eje central en el desarrollo de la investigación.
Son estos los conceptos que iremos explicando, esclareciendo,
profundizando, sintetizando y cuestionando en el transcurso de la investigación.
El universo de estudio referido a “estudios de casos” (dado que no
forman una muestra ni serán representativos del conjunto) está integrado
por tatuados y tatuadores con determinadas características:
- los tatuadores que trabajan en tiendas o locales comerciales
permanentes (no zafrales), habilitados (que pagan los aportes laborales, D.G.I.
y B.P.S.), con lugares destinados exclusivamente a tatuar (y perforar)
y que cumplen un horario fijo para ello1. Se trabajó con 12 de los
mismos.
- los tatuados que fueron localizados por medio de contactos que
derivan de esos locales, privilegiándose el testimonio de aquellos que dentro
de la clasificación interna del grupo, fueron considerados como
poseedores de tatuajes “artísticos”, entre los que se realizaron 14
entrevistas individuales y en ocasiones también grupales.
Es importante aclarar que por momentos se cambiaron los nombres de los
entrevistados en el transcurso del trabajo, para asegurar el anonimato
de los mismos, cuando alguna opinión vertida pudiera llegar a ser
comprometedora para ellos.
De este modo, para acceder al universo de estudio, frecuentamos
sistemáticamente aquellos lugares en los que el grupo está presente. Nos
referimos específicamente, a las tiendas de tatuajes (principalmente), así
como también a los eventos a los que concurren.
Por lo tanto, el trabajo no estudia en su totalidad “el tatuaje en el
Uruguay actual”, sino que sólo estudia al tatuaje, por llamarle de algún
modo, “formal”. Por ejemplo, no se toman en cuenta los tatuajes
caseros, realizados por aquellas personas que puedan desempeñar esta
actividad en su casa, así como tampoco se toma en cuenta al tatuaje efectuado
en la cárcel. Consideramos que cada uno de estos puntos

1 Siendo actualmente los siguientes en Montevideo: Guzmán Tasende; Área
51; Callico Tatuajes; Elefante Tattoo; Luces y Sombras; Gráphica; Root
Tattoo; Marley Tattoo; El danzante; Underwall; Alquimia; Juan Tattoo;
Tanucuara; Cesar Tattoo; Maori Tattoo; Eduardo Sasia; Ander Skin;
Tattoo Art; Rino Tattoo; Rose Tattoo; Dimensión y Tano Tattoo.
demandaría toda una gran investigación aparte, sin duda de gran
interés, pero que quedará para otra oportunidad. Por ende, esta investigación
apunta a conocer una parte específica de este fenómeno.
Un estudio de este tipo, nos permite conocer la percepción de las
personas que toman la decisión de tatuarse y la de los tatuadores a la hora
de hacerlos. Nos permite adentrarnos en el tema del tatuaje y su
significación actual (y por lo tanto particular) en un momento dado. Nos
permite acercarnos entonces, a una de las tantas prácticas sociales que
estudia la Antropología, justamente como ciencia social.
Es un intento por conocer uno de los “hechos sociales” (Durkheim, s.d.)
que se dan en nuestra sociedad, práctica que realizan cada vez más
seres humanos día a día, y que, tal como dice Marques (1997), cada diseño
representa la personalidad del individuo. A través de los estilos es
posible percibir cómo esa persona se comporta en relación a la sociedad.

En un primer momento, se quería estudiar la relación entre cuerpo y
cultura, a modo de entender la corporalidad en función del contexto
sociocultural, aplicado a los múltiples aspectos posibles. Evidentemente,
esto es un tema sumamente amplio e inabarcable (al menos en esta
instancia), de ahí que se tomó la decisión de “bajar” el gran tema, a un ejemplo
determinado, a través del cual podamos ver reflejada y representada
aquella relación.
Es así que pasamos a una segunda instancia en cuanto a la definición
del proyecto de investigación y es donde se decide estudiar al tatuaje
contemporáneo en Uruguay, como un fenómeno que a través de la
modificación corporal genera sentimientos de identidad.
Éste seguía siendo todavía un tema demasiado amplio y es así que se
decidió acotar, en función de los requisitos de la materia y de sus
exigencias, así como también de las posibilidades reales para llevar a cabo
la investigación en tiempo y forma.
Se pasa así a la tercera y en este caso última definición del proyecto
como: “Procesos de construcción y clasificación del tatuaje en el
Montevideo actual”; aunque teniendo como base la línea de trabajo inicial,
que dio origen al mismo.
Dado que estudiar el tatuaje en su generalidad era demasiado, se optó
por indagar sobre un fenómeno, que, según la hipótesis de trabajo
manejada en esta investigación, se da a la interna del grupo, como una
distinción entre el tatuaje “artístico” distinto al tatuaje “comercial”,
clasificación dada por los propios sujetos pesquisados, que forman parte
del universo de estudio.
Según esta clasificación ya no identificamos a un “otro” distinto a un
“nosotros”, referido el primero a la sociedad en general (no tatuada) y
el segundo a los sujetos que llevan tatuajes (como hubiese ocurrido en
la segunda instancia que acabamos de desarrollar); sino un “otro”
diferente a un “nosotros” referido el primero al tatuaje “comercial” y el
segundo al tatuaje “artístico”. Atañe por lo tanto a una diferencia más
sutil.
A decir verdad, es de esperar que el fenómeno se desarrolle en un doble
sentido: impactando la cultura de las sociedades mayores en las que se
inscribe y en contrapunto, diferenciándose internamente.

1.2 MARCO EN QUE SE ENCUADRA EL PROYECTO DE INVESTIGACIÓN:

“Sólo un puritano no estaría de acuerdo, al no ver en el cuerpo más que
materia bruta y un despreciable magma de vísceras, en vez de un
misterioso teatro, el escenario para todo tipo de intercambios –de materia,
de pensamientos o de sensaciones- entre el mundo interior y el mundo
exterior” (Leiris, Michel)

El tema general y de alguna manera contextual del trabajo, es la
relación cuerpo-cultura, interés surgido como consecuencia de reflexiones al
comenzar a ver que muchas de las cosas que uno tiene tan naturalizadas,
como la forma de andar y caminar varían según las sociedades.
Tal como lo señala Mauss (1996) existe una causalidad sociológica hasta
en los hechos más biológicos. Debemos rechazar el positivismo que
sostiene que el comportamiento humano puede ser explicado causalmente en
términos biológicos (Turner, 1989).
Esto nos condujo al extrañamiento, que continuamente debemos hacer como
antropólogos, propuesto entre otros por Da Matta (1978) en cuanto a
desfamiliarizar lo cotidiano, lo cual nos llevó a cuestionar nuestra
propia manera de andar, de vestirnos, de decorarnos, nos ayudó entonces a
relativizar una visión que parecía única, acerca del modo en que las
personas usamos nuestros cuerpos.
Marcel Mauss (1996) escribió sobre “Las técnicas del cuerpo”, porque
vio que en cada sociedad los hombres utilizan diferencialmente sus
cuerpos, hábitos que más que variar entre individuos, varían entre culturas,
sociedades, subculturas, etc. Aparece el cuerpo entonces como el
primer y más natural instrumento del hombre, objeto técnico del hombre.
Se presenta así la corporeidad humana como un fenómeno social y
cultural, materia simbólica, objeto de representaciones y de valores
compartidos. El cuerpo es el efecto de una elaboración social y cultural, por lo
tanto no es sólo una colección de órganos y funciones determinadas por
las leyes anatómicas y fisiológicas, sino que es una estructura
simbólica y cultural (Le Breton, 2002). Cada cultura inserta en el cuerpo de
los sujetos sus propios valores, creencias y cánones estéticos (Picard,
1986).
La investigación, a modo de poder desarrollarse bajo una relación de
este tipo (cuerpo-grupo cultural), se refiere específicamente al tatuaje
en el Montevideo actual, entendido como una forma de expresión
corporal que tiene por lo tanto significados, manifestaciones y también
repercusiones de diverso tipo a nivel popular, porque se están llevando a
cabo en el seno de una sociedad que no ha legitimizado estas prácticas.
Tal como lo señala Le Breton (2002), esto es propio de las sociedades
de tipo individualista, que cuestionan los puntos de referencia
tradicionales sobre el modo de relacionarse con su cuerpo. Se da así la crisis
de las legitimidades: ahora los sujetos deben buscar sus propias marcas
y definir ellos mismos su propio sentimiento de identidad. Riesfeld
(2004) considera que las sociedades posmodernas fallan en la construcción
de un tejido social que haga sentir a los sujetos incluidos.
Nunca antes habíamos estado en un contexto en el que pudiéramos elegir
tanto y sobre todo que tuviéramos tanto de donde elegir, hay una
oferta de opciones en constante crecimiento; pero ¡cuidado! no debemos
confundir libertad de opciones con la libertad real.
Prácticas como el tatuaje no son legítimas y por tanto no forman parte
de la visión hegemónica de la sociedad. Entendiendo por hegemonía el
ver el estado actual de las cosas como “naturales”, como “normales”, a
partir de una visión impuesta por una parte de la sociedad (Gramsci En:
Anderson, 1987). Así, la configuración del sujeto debe ser entendida
como una estrategia más para lograr el control de los individuos
“…anatomía política del detalle” (Foucault, 1976:143).
Los cuerpos son socialmente construidos y transformados en cuerpos
útiles para la perpetuación del orden social (Decia, 2004), o como lo
señala Turner (1989): el cuerpo es un objeto de poder, producido para ser
controlado, identificado y reproducido.
Para Nievas (1998) esto se logra a partir de los cuerpos “normales”,
que se ajustan a las normas que rigen la conducta de las acciones de los
cuerpos dado que “el comportamiento corporal resulta de la
incorporación de las normas” (Picard, 1986:s.d.).
En el marco de lo antes señalado, Bourdieu (1986) define el cuerpo como
un producto social que debe sus propiedades distintivas a sus
condiciones sociales de producción, donde los sujetos están desigualmente
equiparados para adecuarse a la representación naturalizada y por ende
legítima, de esa sociedad (como consecuencia de una distribución desigual
del capital). Es así es que la distancia que existe entre el cuerpo ideal
y el cuerpo real, varía de acuerdo a la posición que ocupan los
individuos.
El propio cuerpo es “una forma particular de experimentar la posición
en el espacio social” (Bourdieu, 1986:184).
Frederic Nietzche (En: Desiato, 1995) reconoce
explícitamente la importancia del estudio de la corporalidad, para no sólo entender
la cultura, sino al hombre y sus expresiones; de esta manera para
dicho autor, el cuerpo se encuentra impregnado de historia, en los cuerpos
quedan sedimentados los hábitos, las costumbres, los usos que una
comunidad ha transmitido.

Dentro de este contexto el tatuaje, es un fenómeno que constituye una
de las maneras, en que las culturas reflejan cierto estado de los
sujetos, en los cuerpos de los mismos, por medio del trazado doloroso de
signos con determinadas significados.
Se busca a través de este trabajo, indagar sobre el significado del
tatuaje, ver qué es lo que lleva a determinados sujetos a llevar a cabo
una práctica que los acompañará para toda la vida. Comprender qué
significa tener un tatuaje hoy en relación a la sociedad, por qué se lo hacen
y qué sienten ellos al hacerlo.
Al mismo tiempo, se tomaron en cuenta los procesos de construcción de
identidad, dado que las marcas corporales suelen causar dos procesos
simultáneos a la vez, uno de inclusión y otro de exclusión, de ser como
unos y no ser como otros (Clastres, s.d.).
El tatuaje actúa, entonces, como un elemento de diferenciación, los
sujetos elaboran así los anclajes a partir de los cuales se reconocen a sí
mismos, siendo el cuerpo, uno de los vehículos privilegiados para ello
(Urresti, 1999).
Los tatuajes son marcas indelebles en el cuerpo que se han convertido
en productores eficientes de identidad (Rocha, s.d.).
Resulta interesante este tema en particular, dado que al comprender que
existen variadas formas de usar el cuerpo, podemos llegar a pensar que
la forma en que uno lo hace, es una más, no es la mejor ni la peor,
simplemente “es”; es importante aprender a relativizar.
En su camino por la historia, el cuerpo asume las distintas
disposiciones que se imprimen sobre él. Es en el cuerpo donde se expresan las
voluntades según ordenamientos culturales. Según Urresti (1999) los
cuerpos se constituyen como historias vivas, individuales y sociales al mismo
tiempo.
La cultura, por medio de los valores que impone y desde los que
interpreta el mundo, no se adhiere simplemente al cuerpo, sino que lo
constituye. El habitus se inscribe en los cuerpos y en las cosas (Bourdieu En:
Guitirrez, 1997).

Antes de seguir avanzando en el tema, resulta pertinente responder la
siguiente pregunta, ¿Qué es el tatuaje?
Un tatuaje es una herida punzante en las capas profundas de la piel,
que se llena con tinta. Se realiza penetrando la piel con una aguja e
inyectando tinta en la zona, generalmente creando algún tipo de diseño.
La razón por la que los tatuajes duran tanto, es porque son profundos:
la tinta no se inyecta en la epidermis (capa superior de la piel que
continuamos produciendo y cambiando a lo largo de toda la vida), por el
contrario, se inyecta en la dermis, que es la segunda capa de piel más
profunda. Las células de la dermis son muy estables, por lo tanto el
tatuaje es prácticamente permanente (Paschoal, s.d.).
Hoy, sin embargo, existen técnicas para quitarlos de la piel. No
suelen ser muy usadas dado que los resultados no son del todo satisfactorios
y además son muy costosas. El método más utilizado en la actualidad
para ello, es a través de un láser que quema la tinta del tatuaje, pero
deja una cicatriz con el recorrido del diseño. Además de los límites ya
mencionados existen tintas que no se pueden quemar. Para el caso de los

sujetos pesquisados en esta investigación, sólo uno se había sacado un
pequeño tatuaje que tenía en la muñeca y en realidad nos confesó que lo
hizo para probar, debido a que su tía es cirujana y se lo hizo sin
costo alguno. Según él fue muy doloroso y además le quedó la marca por lo
que resolvió luego de quitárselo, hacérselo de nuevo…

Los capítulos que se presentan en este trabajo, comienzan por una
reseña metodológica y técnica, para dar a conocer las distintas estrategias
que se utilizaron en la investigación para acceder a la información
referente a la temática en cuestión.
En los siguientes capítulos (números 3 y 4) tratamos el tema del origen
del tatuaje en la humanidad y luego en el Uruguay. Consideramos de
hecho que antes de poder conocer una práctica en el presente, debemos
conocer cuál es su historia, a modo de ahondar en una mejor comprensión del
tema a través de la contextualización, para luego desarrollar un tema
que le compete ya realmente a esta instancia: el tatuaje en el
Montevideo actual.
En el capítulo 5 “Tatuaje: desintegración/integración ¿Por qué los
jóvenes se tatúan?” se busca entender la razón de la existencia de esta
práctica en la actualidad, ver porqué la gente se realiza tatuajes y ver
cómo esto activa directamente un proceso de exclusión/inclusión, dado
que, inmediatamente, dicho acto clasifica a las personas dentro de una
categoría, dejándola así mismo fuera de otra; es así que el tatuaje,
actúa de esa manera, como un eficaz constructor de identidad.
En los dos posteriores capítulos, se aborda el tema que compete a la
hipótesis manejada en la investigación, sobre la clasificación a la
interna del grupo de tatuados y tatuadores, relacionando este fenómeno, por
un lado con la moda y por otro lado con el arte. Pero veremos que no se
trata de distintas categorías, puras, claras y delimitadas por
fronteras inamovibles, sino por el contrario, de finas sutilezas que a nuestro
entender, sólo el trabajo antropológico, buscando conocer la esencia
de los fenómenos y las realidades subyacentes, logra descubrir y sacar a
luz.
En el capítulo 8, la idea es conocer a los tatuadores como tatuados,
dado que sabemos que no existen tatuadores no tatuados en el Uruguay y
que a su vez probablemente no existan en el mundo.
Luego prestaremos atención al tatuaje como arte y al tatuador como
artista que trabaja plasmando sus ideas sobre materia viva, lo cual hace
que generalmente éste deba mediar su arte con la persona en cuestión. ¿Se
trata entonces de una peculiaridad de este arte?, ¿o de una dificultad
o barrera ante el que el tatuador se topa, y es un arte que sólo en
ocasiones contadas se logra expresar en su totalidad?
Y hablando de expresividad, el capítulo 10, busca justamente
interpretar al tatuaje como una forma que expresa significados, correspondiente a
una nueva modalidad de escritura y que dentro de la pragmática podemos
enmarcar.
El capítulo siguiente “Momentos de reunión”, atañe a conocer qué es lo
que pasa en esos momentos extraordinarios para el mundo del tatuaje,
cuando los actores salen de su rutina. Son momentos festivos, no
cotidianos: el tatuaje sale de las tiendas, estudios y/o locales para mostrase
una vez más ante la sociedad en general; nos referimos a las
convenciones nacionales de tatuajes y a la Expo Tattoo 2006 en particular.

Estas son las problemáticas y temáticas en las que se ahondó, a modo de
poder cumplir con los objetivos que este trabajo se propone, que a
nivel general se trata de por un lado, estudiar una modalidad de las
técnicas del cuerpo y la construcción de los procesos de naturalización
sobre el modo en que los sujetos hacen uso de su cuerpo y por orto lado,
interpretar prácticas y significados del cuerpo.
Siendo los objetivos particulares y específicos que le competen a esta
instancia de investigación: interpretar al tatuaje como una forma de
escritura transmisora de mensajes y significados (lenguaje no verbal);
así como también, indagar sobre las características a la interna del
grupo en cuestión: tatuados y tatuadores, referida a las subdivisiones que
surgen dentro del mismo, profundizándose en el tatuaje “artístico”, más
que en el de índole “comercial”.

 

 

 

 

2. ESTRATEGIAS: PROCEDIMIENTOS DE EJECUCIÓN

2. 1 PROCEDIMIENTOS METODOLÓGICOS:

A modo de indagar sobre el tatuaje como una práctica de expresión
corporal, con significados y manifestaciones determinadas en el Montevideo
actual, utilizamos el método etnográfico, caracterizado por el tipo de
investigación cualitativa, propia de la disciplina antropológica, con
una constante interacción entre el trabajo de campo y el material teórico
de base, incluyendo técnicas como la observación participante y
aplicación de entrevistas no dirigidas.
Estos lineamientos ya esbozados en el protocolo de proyecto
correspondiente al Taller I de Antropología Social y Cultural, están reseñados a
continuación, dado que es importante destacar aquí también los
siguientes aspectos:
T. Lindlof (En: Pere-Oriol et al., 1996: 15) define la metodología
cualitativa como “… estudio sistemático de la experiencia vivida: cómo la
gente entiende quién es, social y culturalmente, a través de sus
acciones, sus discursos y la percepción que desarrollan de sí mismos y en
relación con los demás.”
Este tipo de aproximación, rompe con toda visión de los paradigmas
cuantitativos “…que ha dominado la investigación académica sobre
comunicación y sociedad. Desde nuestro punto de vista, esta ruptura era no sólo
necesaria sino provechosa” (Pere-Oriol et al., 1996:16). ¿De qué modo
hubiéramos podido captar la complejidad, sutileza y matices de un
fenómeno como el que estamos estudiando? ¿Cómo hubiéramos podido analizar la
dimensión singular y estética de su discurso?
Teresa Porzecanski (1986) considera que la metodología cualitativa es
uno de los medios de acceder a los sistemas de creencias y actitudes,
así es que por medio de ella, podrán salir a luz las preocupaciones, los
valores, las creencias y cosmovisiones de los integrantes de una
comunidad. De esta manera, la investigación avanza hacia la comprensión de
diversos fenómenos a estudiar.
Sin duda, esto nos lleva a involucrarnos con nuestro objeto de estudio,
o como dice Rabinow (1992) el trabajo de campo implica: estar ahí.
No se trata aquí de partir de datos preconstruidos, se parte de la
percepción sensible de un segmento de la realidad total. Una metodología
cualitativa parte del reconocimiento del papel activo del investigador,
la subjetividad de éste está siempre presente (aunque, claro, no
deliberadamente).
La presencia de la subjetividad en nuestra investigación, no debe ser
vista como un problema. Objetividad en ciencias sociales no equivale
nunca a neutralidad: de esta manera objetividad y subjetividad
constituyen falsas oposiciones.

2.2 PROCEDIMIENTOS TÉCNICOS E INSTRUMENTALES:

Se buscó acceder a los sujetos investigados directamente, por medio de
encuentros personales, para conocer las percepciones acerca de sus
tatuajes y del tatuaje en general. En un estudio donde lo que importan son
las actitudes y las percepciones de los sujetos, lo más eficaz es
utilizar la entrevista para ello (Cannel y Kahn, 1992).
Fue utilizada entonces como un medio de acceso personal a los
sentimientos, visiones, conductas, actitudes y experiencias pasadas, presentes
y futuras, que sólo se encuentran dentro del sujeto y que sólo él puede
expresar.
Esto tuvo lugar en la entrevista, ya que la misma se formuló por medio
de preguntas abiertas que le dieron libertad al discurso que
construyeron entrevistado y entrevistador (Blanchet, 1987). La misma no fue
aplicada rígidamente a los distintos entrevistados: fue flexible y por ello
susceptible de sufrir variaciones en función de las necesidades del
entrevistado, ya que debe variar al enfrentarse ante una situación
variable.
La entrevista fue entonces “no directiva” (Blanchet, 1985), tomando el
modelo de la conversación. Estuvo diseñada de tal modo que se diera un
pasaje fluido de un tema a otro, considerando sin embargo, que la
entrevista nunca es una conversación banal, existe repartición de poderes y
de roles (Blanchet, 1985).
Aparece así la entrevista como una técnica de investigación social
cualitativa, como un instrumento, una herramienta y un mecanismo creado por
el hombre para reunir datos que verifiquen (o refuten) hipótesis en la
investigación social.
Las entrevistas debieron complementarse con otra técnica, como la
observación participante. Para este caso significó asistir a los locales
donde la gente se tatúa, para no sólo entrar en contacto con los
tatuadores y los tatuados, sino con el contexto general en donde estos se
mueven. Se realizaron actividades con el grupo en cuestión, como asistir a
eventos sobre este ámbito, ir a las reuniones de tatuajes. Debimos
manejar una batería de técnicas.
A modo de poder aplicar la metodología y las técnicas planteadas en la
investigación, se optó por la observación participante, para lo cual
decidí hacerme un tatuaje y aprovechar la instancia para experimentar
esto que estamos estudiando, para lograr un mayor involucramiento en el
mundo de los nativos.
Para ello, recurrí a una tienda de tatuajes y piercing ubicada en
pleno barrio Pocitos, para hablar con el tatuador de allí (Gabriel Callico)
dado que conocía sus trabajos y creí a partir de ello, que sería el
indicado.
Uno, antes de hacerse un tatuaje, debe definir diferentes cosas como
el diseño, el lugar del cuerpo donde lo voy a impregnar y el tatuador
con el que me lo voy a hacer.
Fueron varias las sesiones y por lo tanto encuentros para experimentar
este arte.
El martes 12/9/06 a las 9 hs. fue la cita para la primera sesión.
Llegué al local, luego de haber coordinado el encuentro para llevar adelante
el tatuaje que me quería hacer; hace varios años que lo tenía en mente
y parecía ser, mientras esperaba que el tatuador llegara, que había
llegado el momento.
Me sentía algo nerviosa como muchas veces nos sucede ante una cosa
desconocida, dado que era mi primera vez. Todos dicen que duele, que hay
que pensarlo bien, que es para toda la vida… así que hay muchas
presiones para que quede perfecto; no sólo que cumpla sino que supere las
expectativas en la medida de lo posible. Pero más allá de los nervios,
dominé la situación porque estaba muy segura y convencida de que lo quería
hacer. Así, sin muchos titubeos, nos pusimos en marcha y la máquina
comenzó a hacer ese ruidito característico, que no paró hasta 4 hs.
después.
Con respecto al dolor, sentí compartir lo que suelen decir los
informantes: que es un medio para alcanzar un fin. Si para tener mi tatuaje
sólo hubiera pegado una calcomanía en mi cuerpo, la esencia del proceso
se hubiese perdido y por lo tanto no hubiese llegado a tal fin (ejemplo
de esto son los tatuajes hechos en henna que no son permanentes porque
se borran con los años, o la opción de anestesiarse con un profesional
en el momento del tatuaje).
Uno siente, mientras soporta el dolor y el aburrimiento, que valdrá la
pena, que es como pagar derecho de piso por llevarlo luego con orgullo
para toda la vida. Esta cuestión del dolor, desde mi punto de vista,
implica sólo compromiso, sin ir más allá de eso, porque nunca conocí a
nadie que dijera que se tatuaba porque disfrutara del dolor en sí mismo
a la hora de hacerlo; dos cosas deben quedar claras: el dolor no es el
objetivo del proceso, pero sí el medio para llegar a él, lo que lo
convierte en inevitable.
Cuestiones similares a los de muchos de los entrevistados me sucedió
con mi familia, quienes no estaban de acuerdo, sintiendo que se me
cerrarían muchas puertas y en especial las laborales. Dentro de mi grupo de
pares, una cuestión de este tipo da prestigio, es una decisión valorada
positivamente y así fue de hecho.
Luego de finalizada la primer sesión, nos esperaron algunos encuentros
más, ya que restaban aún 13 horas para tatuar.
Es así, que a través de la realización de este tatuaje, pasé a estar en
el grupo de: “los tatuados”, por lo que ahora me encontré en el doble
juego etnometodológico y epistemológico de ser, simultáneamente
intérprete e interpretada.

 

 

 

3. GÉNESIS DE LA TINTA EN LA CARNE

Para empezar, el origen de la palabra tatuaje es incierto, no obstante
parece proceder etimológicamente de la palabra “ta” del polinesio
“golpear” o de la antigua práctica de crear un tatuaje por medio del
golpeteo de un hueso contra otro sobre la piel, con el consiguiente sonido
“tau-tau” (Paschoal, s.d.).
La palabra latina para tatuaje, la podemos identificar con
estigma, y entre las múltiples definiciones de estigma están las asociadas con
una marca hecha sobre la piel de un individuo con un instrumento
afilado. También se le define como una marca hecha en la piel de un esclavo
o criminal con el objeto de su reconocimiento, es decir, con la
intención de visualizar el lugar de la culpabilidad y la sanción. Pero, si se
quisiera ensayar una noción provisional y actualizada, se debería
señalar que el tatuaje es una técnica de decoración del cuerpo mediante la
inserción de sustancias colorantes bajo la epidermis, una vez que ésta
ha sido perforada con un instrumento punzante, como por ejemplo, una
aguja eléctrica (Ganter, 2005).

Antes de seguir haciendo referencia a este fenómeno y su significancia,
resulta relevante, a modo de poder ahondar en la comprensión del
mismo, hacer mención a la historia del tatuaje y su surgimiento en el mundo.

Sus orígenes se sitúan para muchos en los mismos albores de la
humanidad, esto tal vez sea muy apresurado o pretencioso. Lo que sí parecería
ser más factible, es que es una práctica que probablemente haya surgido
de la mano de la pintura o el arte rupestre en el Paleolítico
Superior; el Homo Sapiens Sapiens fue el primer homínido en desarrollar el arte
en sus diferentes dimensiones durante la prehistoria y parece ser que
el tatuaje no fue la excepción.
Sin duda, no podemos hablar de una fecha concreta o un día determinado
en el que éste comenzó a ser llevado a cabo por el hombre, pero sí
sabemos, en base al registro arqueológico, que este “arte corporal” supera
en antigüedad mucho más de lo que muchos creen: el sentido común suele
asociarlo a una práctica moderna digna de los jóvenes en la
actualidad… un gran error.
Difícilmente podamos hablar de “el origen” del tatuaje, ya que éste es
un fenómeno bastante complejo, se trata de hecho de una práctica
ancestral que se desarrolló de forma independiente entre numerosos pueblos
de la humanidad. Formó de esta manera parte del patrimonio cultural de
diferentes grupos, en los que se llevó a cabo por medio de diferentes
técnicas y al mismo tiempo con objetivos diversos.
Hoy la evidencia más antigua que registra este fenómeno y su
antigüedad, son los restos encontrados en 1991 en un glaciar de los Alpes,
situado en la frontera entre Austria e Italia. Se trata de los restos
momificados naturalmente de un cazador neolítico, conocido con el nombre de
“Oetzi”, con una antigüedad de 5300 años, con la espalda y las rodillas
tatuadas. No obstante, antes de este último suceso, se tenía como
referencia el caso de una mujer tatuada: era la sacerdotisa egipcia
“Amunet”, adoradora de Athor, diosa del amor y la fertilidad, que vivió en
Tebas alrededor del 4000 A.P.; ambos ejemplos, presentaron tatuajes con un
estilo similar: líneas simples con diseños de puntos y rayas (Ganter,
2005).
Recordemos que las técnicas empleadas para hacer un tatuaje así, como
también los motivos, son muy diversas ya que difieren según la cultura y
la época en que se realizan. En Egipto, Perú y en las poblaciones
islámicas se utilizaban sobre todo puntos y líneas; estilizaciones
geométricas en forma de cuadrados y triángulos en la Polinesia; espirales
faciales cinceladas en los maoríes; cuadrados muy coloreados entre los
japoneses; decoraciones de grandes manchas negras en Borneo;
escarificaciones en relieve entre las poblaciones de piel oscura.
Algunas culturas, tradicionalmente, los han llevado a cabo cortando la
piel, untando la herida con ceniza, tinta (o algún otro material) o
punzando la piel con huesos de animales. En la Polinesia se solía utilizar
un pequeño martillo provisto de muchas puntas, que golpeando con un
bastón perforaba la piel introduciendo así el pigmento. En Nueva Guinea,
se afilaban los dientes del tiburón para “cincelar” la piel. En Japón y
también en algunos países del norte de África, las puntas se fijaban
en una vara de madera que se empujaba a mano sobre la piel.
Para el caso de los egipcios, el tatuaje, según las evidencias
arqueológicas con las que se cuenta hasta el momento, parece haber sido una
práctica exclusivamente femenina, relacionada con el lado erótico y
sensual de la vida, aunque también se cree que tuviera un carácter sagrado y
religioso. Estaba caracterizado en esos tiempos por diseños gruesos y
lineales de color negro.
En la Polinesia, el tatuaje tiene una gran tradición, los diferentes
pueblos de esta región lo utilizaron como ornamentación corporal con un
fuerte sentido comunal, era una práctica que los individuos comenzaban
a muy temprana edad y que se prolongaba hasta que no quedara región del
cuerpo virgen de pigmentos o “desnuda”. Más allá de su sentido
estético, el tatuaje confería jerarquía y propiciaba respeto a quien lo
llevaba en su piel.
Justamente es este lugar, el que tiene la reputación del tatuaje más
artístico en el mundo antiguo caracterizado por figuras geométricas. De
hecho, recordemos que el término tatuaje, tiene origen polinesio.
Los maoríes utilizaron el tatuaje particularmente para la batalla, a
modo de impresionar y asustar a sus enemigos en el enfrentamiento (aunque
también eran usados por las mujeres); una cara tatuada lo hacía feroz
en la guerra y atractivo para las mujeres. Diseños siempre negros,
basados en una combinación de espirales, con una serie de líneas formando
un modelo simétrico que aplicaban en la cara (barbilla, mejillas y/o
frente) y las nalgas principalmente (En:
http://www.tatuajelatino.com/museo/origenes.html).
El estilo Moko Maorí de Nueva Zelanda, por ejemplo, era un tatuaje
tribal que identificaba a cada individuo y su estatus dentro de un grupo.
Hacía a la persona única e inconfundible. Cuanto más complicado era el
diseño del tatuaje, mayor era el ascenso en su rango social. Se
tatuaban de la cabeza a los pies, comenzaban a los 8 años y era un proceso
lento y doloroso; los tatuajes se embellecían y renovaban durante toda la
vida. Si el difunto no tenía tatuajes protectores el alma quedaría
ciega y no podría hallar el camino a la inmortalidad, por eso, si alguien
moría sin tatuajes los maoríes tatuaban el cadáver (Ganter, 2005).
En América del norte esta decoración corporal se aplicaba en los ritos
de paso, cuando los jóvenes llegaban a la pubertad, momento en que se
les dibujaban motivos en el cuerpo para proteger al alma que iba camino
a la muerte. En América Central y del Sur (por ejemplo los Incas) se
tatuaban los guerreros para conmemorar las victorias bélicas y honrar a
los dioses (En:
http://www.telepolis.com/cgi-bin/web/DISTRITODOCVIEW?url=/1605/doc/Tatuajes/historiatatu1.htm).
En cuanto a nuestro país, la primera evidencia que se tiene sobre la
existencia de la práctica del tatuaje corresponde a tiempos
protohistoricos. Según las fuentes de los cronistas, de entre los siglos XVI y XIX,
que entraron en contacto con los charrúas, relatan que éstos, tenían
tatuajes (D’Orbigny, 1959). Según Acevedo Díaz (En: Figueira, 1977: 302)
“la mayor parte de los charrúas tenían el pecho y la espalda, y algunos
de ellos hasta la cara misma, cubiertos de cicatrices muy unidas,
hechas con puntas de flecha, y formando varias figuras y bordados”.
Evidentemente, en Occidente y en Oriente, el tatuaje adquirió
significados y objetivos diferentes de acuerdo al tiempo y espacio en que se
practique. Alrededor del 3000 A.P. el tatuaje logró la entrada por medio
de las rutas comerciales, a la India, China y Japón.
El tatuaje japonés, a pesar de sus inicios gloriosos en el 500 D.C.
como adorno del primer emperador, pasó más tarde, a estar reservado para
aquellos que habían cometido crímenes serios.
El estilo japonés clásico usa héroes legendarios y motivos
religiosos, que pueden combinarse con decoraciones florales, lunas,
paisajes y animales simbólicos como dragones y tigres, contra fondos de
olas, nubes y rayos. Los diseños no son pequeños, ya que se trasladó la
pintura tradicional a los cuerpos, dando por resultado dibujos grandes
que cubrían en su totalidad espaldas, pechos y costillas; este tipo de
tatuaje se encuentra desde finales del siglo XVIII.
El tatuaje japonés posee fama mundial por su nivel artístico, se
caracteriza por un diseño integral y la sofisticación de las técnicas de
dibujo. Tradicionalmente se hacía a mano, por medio de una estaca de madera
a la que, de acuerdo con la intensidad del color y el diseño, se le
añadían hasta una docena de agujas. Mientras se estiraba la piel con una
mano, se golpeteaba rítmicamente el área a tatuar con la otra. Con el
método tradicional un traje entero costaría algunos miles de dolares y
varios años. Con una visita semanal, se necesita un año para completar
un tatuaje de cuerpo entero (llamado Irezumi), que hoy está decayendo
(En:
http://www.telepolis.com/cgi-bin/web/DISTRITODOCVIEW?url=/1605/doc/Tatuajes/historiatatu1.htm).
.
En un principio, muchas poblaciones humanas, vincularon al tatuaje con
el pensamiento mágico religioso. Con la llegada del cristianismo y la
consolidación de la iglesia católica, esta práctica fue desterrada por
considerarla sinónimo de idolatría y superstición.
Los cristianos eran hostiles a los tatuajes, ya que creían que si Dios
había creado el hombre a su imagen y semejanza, era pecaminoso que éste
tratara de alterar su imagen; por eso el emperador Constantino, primer
emperador de Roma, emitió un decreto en contra del tatuaje. Esta
posición ha sido adoptada por varias religiones hasta nuestros días (En:
http://www.punksunidos.com.ar/bodyart/1a.html).
Es así que, por ejemplo en Europa, la práctica del
tatuaje desaparece hasta el siglo XVIII, período en el que el viejo
continente se abre al descubrimiento y la exploración de tierras lejanas,
enfrentándose a nuevas culturas y civilizaciones.
El arte del tatuaje fue de este modo redescubierto por los
exploradores. Banks, artista científico que navegó junto al Capitán Cook, quien
describió en detalle en 1769 el proceso del tatuaje de la Polinesia. Los
marineros de Cook iniciaron la tradición de los hombres de mar tatuados
y desparramaron rápidamente esta afición entre los marineros, quienes
aprendieron el arte de los tatuadores polinesios, lo practicaron a bordo
y luego instalaron sus estudios de tatuajes en los puertos.
También fueron los viajes de Cook los que descubrieron el arte Moko
entre los maoríes, un elaborado y muy doloroso proceso que duraba meses y
que daba por resultado diseños negros en espiral y a rayas. Describió
en sus libros el proceso antiguo del tatuaje al entrar en contacto con
indígenas de las Islas Marquesas y con los maoríes: “Manchan sus cuerpos
pinchando la piel con los instrumentos pequeños hechos de hueso, que
estampan o mezclan el humo de una tuerca aceitosa (...) En esta
operación, que es llamada por los naturales ‘tattaw’, las hojas dejan una marca
indeleble en la piel. Se realiza generalmente cuando tienen cerca de
diez o doce años de edad y en diversas partes del cuerpo” (s.d. En:
http://www.elcuerpo.es/articulo_item.php?numero=16).
El tatuaje fue ampliamente practicado entre los marineros, trabajadores
y convictos durante la primer parte del siglo XIX. Los miembros de las
clases media y alta lo consideraban por debajo de su dignidad, por
ello nunca fue popular entre los nobles (En:
http://www.punksunidos.com.ar/bodyart/1a.html).
Esto explica la natural asociación que ha prevalecido hasta nuestros
días entre los tatuajes y los marineros (s.d. En:
http://www.tattoo-odin.com/historia_tatuaje.asp). La relación entre
tatuajes y delincuencia provino también de aquí, ya que los marineros eran
personas que a menudo se embarcaban durante largos períodos de tiempo
para evitar a la justicia, hecho que fue fomentando esta asociación.
También en el mundo occidental el tatuaje se usó incluso como castigo,
por ejemplo los Nazis en sus campos de exterminio tatuaban a los
prisioneros con un doble propósito: identificación y humillación, ya que la
ley judía prohíbe las marcas en el cuerpo.
Los tatuajes resurgieron con los hippies en los años 60 y 70, quienes
los adoptaron como símbolo de rebeldía y los elevaron a la categoría de
arte, abandonando los motivos marineros y realizándose grandes diseños
muy coloridos, acordes con la época. Esto hizo salir al tatuaje de los
puertos y empezó la popularización del mismo.
Ya en nuestros días, esos hippies son oficinistas, docentes
y directivos, y en su piel perdura la marca de su juventud, lo que ha
contribuido a la gran popularización del tatuaje, desligándolo
totalmente de marineros y delincuentes. Esta reconversión de la aceptación
social del tatuaje, ha llevado a que actualmente la gente cada vez sienta
más interés en decorar su cuerpo de esta manera (s.d. En:
http://www.tattoo-odin.com/historia_tatuaje.asp).
El primer estudio de tatuajes, abrió sus puertas en el año 1870, en
Nueva York. En EE.UU. el dibujo corporal tuvo un gran auge durante el
conflicto de la Guerra Civil, los pioneros en la profesionalización de los
estudios de tatuaje fueron norteamericanos como C.H. Fellows, Martin
Hildebrandt o Samuel O'Reilly. Este último inventó en 1891, una máquina
de tatuar, inspirada en uno de los inventos de Thomas Edison, la
patentó y ofreció a la venta conjuntamente con tintas de colores, diseños y
otros suministros. A principios del siglo XX ya había establecimientos
de tatuaje en las principales ciudades americanas (s.d. En:
http://www.telepolis.com/cgi_bin/web/DISTRITODOCVIEW?url=/1605/doc/Tatuajes/historiatatu2.htm).
Hoy, dentro del sistema penitenciario, el tatuaje es una práctica
sumamente difundida, contexto dentro del cual son conocidos como tatuajes
“tumberos” (Sepúlveda, s.d.). En las cárceles se pone al descubierto un
submundo de significados ocultos. Los presos fueron uno de los grupos
que usan los tatuajes para diferenciarse del resto de la sociedad.
Los motivos místicos, por ejemplo, son imágenes de santos y vírgenes,
cruces, figuras de Cristo y del diablo. Para reafirmar su identidad,
muchos presos eligen tatuarse su nombre entero o sus iniciales. Los presos
imprimen sobre su pecho, el nombre de la mujer amada, como signo de
amor eterno, también las calaveras abundan.
Otra variante que se ve con frecuencia en los internos, son los
tatuajes agresivos, representados con dibujos de aves de rapiña, espadas,
animales feroces y puñales. Mediante estas figuras, los presos intentan
poner en evidencia su rudeza, muchas veces con el fin de obtener un
escalón superior dentro del rango otorgado por los internos (Sepúlveda,
s.d.).
En la cárcel la máquina que utilizan es totalmente casera. Consiste en
un motorcito, por ejemplo de radio, del que se desprende un bolígrafo,
un tenedor o un cuchillito sujetado con hilos o alambres. El motor hace
que el elemento punzante se mueva como las agujas de la máquina de
coser: entrando y saliendo de la piel. El pigmento que generalmente
utilizan es la tinta china o la de los bolígrafos tipo Bic.
Esta forma de escritura, permite observar la superficie de la piel como
soporte iconográfico, mediante el cual, se descubre lo biográfico: se
pueden reconstruir fragmentos de la vida del preso a través de sus
tatuajes; conforman así una verdadera gramática de la piel (s.d. En:
http://www.elcuerpo.es/articulo_item.php?numero=16).
Lo cierto es que, entre rejas y penitenciarías, el tatuaje carga de
significado el cuerpo de los presos. Y como su condena, éste es un estigma
que les acompañará por el resto de sus vidas (s.d. En:
http://www.elcuerpo.es/articulo_item.php?numero=16).
Pero, ¿por qué el preso busca esa diferenciación de la sociedad cuando
esos tatuajes los aíslan aún más o lo marcan sin dejar lugar a dudas
lo que son? ¿Cuál es la diferencia que se quiere marcar? Preguntas de
este tipo implican un trabajo antropológico en sí mismo, y esto no es lo
que nos compete en esta instancia, pero sin duda, tal como lo plantea
Sepúlveda (s.d.), nos animamos a considerar a las marcas como elementos
constituyentes decisivos a la hora de determinar los procesos oficiales
de la ley y del castigo.

En la actualidad, vivimos una auténtica moda del tatuaje, y gentes de
diferentes estratos sociales, culturales y económicos lucen variados
diseños. Sin embargo, decir que el tatuaje está plenamente aceptado en
nuestra sociedad, no es del todo acertado.
El movimiento conocido como “body art” ha llevado en las últimas
décadas del siglo pasado, a revolucionar el tatuaje y el mundo contextual en
el que se engloba en los tiempos modernos. A ese contexto pertenecen
distintas prácticas con las que se lo suele asociar, nos referimos al
piercing, el branding, la escarificación, los implantes y las
suspensiones.
En el body art el artista utiliza el cuerpo humano como soporte
material de su obra. Surge a finales de los años sesenta y se desarrolla en la
década siguiente en Europa y Estados Unidos. La obra de estos artistas
trata temas como la violencia, la autoagresión, la sexualidad, el
exhibicionismo o la resistencia corporal a fenómenos físicos. Así el
cuerpo, puede estar transformado por un disfraz, ser utilizado como
instrumento o unidad de medida, agredido o puesto a prueba, hasta los límites
del sufrimiento (En:
http://www.masdearte.com/item_movimientos.cfm?noticiaid=47).
Aplicándolo al mundo del tatuaje, el body art ha sido sin duda un
movimiento vanguardista en el que jugó un papel decisivo, el muy conocido
en el ambiente: Fakir Mustafar, un ejecutivo de Silicon Valey que empezó
a experimentar en su pubertad con la modificación de su cuerpo y hoy
es considerado el líder espiritual del movimiento. Dentro de este
contexto contemporáneo, han surgido en numerosos países distintos
“personajes”, por llamarlos de alguna manera, como el famoso “hombre lagarto” de
EE.UU. que llevó al tatuaje (junto con otras tantas celebridades de este
“submundo”) a sus máximas expresiones ya que apunta por ejemplo a
tener el 100% de su cuerpo tatuado.
Son pocos los lugares donde se sigue practicando el tatuaje
tradicionalmente, como fue hace miles de años, por ejemplo: Borneo, Polinesia,
Hawai y Japón. Borneo, es uno de los pocos lugares donde se practica
actualmente la forma tradicional del tatuaje tribal (En:
http://www.punksunidos.com.ar/bodyart/1a.html).
La forma tradicional de realizar los tatuajes es en forma manual, hoy
la mayoría de los artistas lo hacen por medio de una máquina (creada
por primera vez en 1891, como ya dijimos), instrumento eléctrico de mano
que tiene en un extremo una aguja esterilizada, conectada a tubos que
contienen tinta. Sin embargo, en Japón el tatuaje manual (a través de
una vara de madera con agujas en la punta que se empujan con la mano
sobre la piel) se sigue practicando.
Sin embargo, superando toda diferencia, el tatuaje antiguo tiene mucho
en común con el tatuaje moderno, y podemos considerar que estamos en
presencia de una evolución continua de un arte con orígenes ancestrales,
profundos e independientes en la humanidad (En:
http://www.punksunidos.com.ar/bodyart/1a.html).

 

 

 

 

 

 

4. HISTORIA DEL TATUAJE EN MONTEVIDEO

En cuanto a la historia moderna del tatuaje en el Uruguay, parece que
es un fenómeno bastante reciente, no hemos encontrado bibliografía al
respecto, pero lo que sí tenemos son las evidencias de los protagonistas
implicados en los inicios del mismo. . . . . Según nos
cuentan, aquí el tatuaje es algo muy nuevo que tiene sólo 20 años de
antigüedad; se suele mencionar al “Cocoa” como el pionero o al menos uno
de los primeros tatuadores de índole comercial (dado que si ya alguien,
antes de él, estaba tatuando, por ejemplo en su casa, no lo sabemos).
Él comenzó a tatuar debajo de una disquería pues al principio nadie
abría una tienda o local exclusivamente para tatuar. Más tarde trabajó con
algunos tatuadores que aún trabajan en nuestro país y según nos cuentan
éstos, el “Cocoa” habría adquirido la técnica de tatuar, en una cárcel
de Río de Janeiro en la que estuvo preso.………….

. También en las cárceles del Uruguay esta práctica
ya existía, seguramente ya se practicaba a nivel informal; incluso es
muy probable que ya hubiera gente tatuándose en sus casas con máquinas
caseras; pero entonces el estigma era, sin duda, muy fuerte: tatuarse era
cosa de presos, marginados, marineros, prostitutas y en los “mejores
casos” viajeros. . . . . . .
. . .
. . Unos pocos años
después, el tatuaje empezó a proliferar en un pequeño grupo de jóvenes
de manera independiente, los cuales serán los futuros tatuadores y que
por ende tatúan hoy en Uruguay.
. . . .
En general, la historia de cómo los tatuadores actuales comenzaron a
insertarse y/o interesarse en este tema, suele ser muy similar: primero
máquina casera realizada por ellos mismos, al poco tiempo
(generalmente al año) realizaron en su mayoría una primera inversión, porque se
compraron sus máquinas profesionales. Así, nos cuenta Guzmán por ejemplo:
Hace 11 años que tatúo, desde que tengo 16, primero en mi casa 2 años,
después con Gabriel en su local un poco menos de un año, después un año
más en casa y después abrí mi local que tiene 7 años; al principio me
encachilé tanto, que no sólo me había fabricado una máquina casera,
sino que antes del año me compré una posta, una máquina bastante
profesional, que en ese entonces me había salido mucha guita, me acuerdo que
eran como doscientos y pico de dólares, que para mí era mucha guita,
después con esa máquina, continué tatuando a amigos y a arreglar las cagadas
que me había mandado con la máquina casera
Al principio se tatuaron a ellos mismos, luego a los amigos más
cercanos, después a conocidos, al poco tiempo a amigos de los amigos, y así
sucesivamente, hasta que comenzaron a tatuar gente desconocida. Resulta
muy gráfico al respecto, lo que nos comentaba Guzmán:
Empecé a tatuar no comercialmente, eso me llevó un año aproximadamente
y al principio tatuaba a amigos y no cobraba nada, pero después,
vinieron los amigos de mis amigos, y después los amigos de mis amigos de mis
amigos, hasta que un día, me empezaron a tocar timbre en mi casa
preguntado: ¿acá se hacen tatuajes gratis? Y yo le dije: eh… no mira salen
como 2 gambas, y ahí empecé a cobrarlos (risas)
A grandes rasgos, prácticamente la totalidad de los tatuadores
entrevistados, comparten una historia similar en cuanto al modo en que
comenzaron a tatuar, pero cómo se iniciaron e interesaron en el tema varía,
porque corresponde a historias de vida a nivel personal; así como también
varía, el modo en que aprendieron a hacerlos, aunque todos nos cuentan
que es algo que uno aprende solo: no existe un curso de cómo aprender a
tatuar, por ejemplo, Guzmán nos decía:
A mí no me enseñó nadie a tatuar, Bruno fue el primero que me dio
información, me dio las primeras pautas como que las agujas iban soldadas.
El tema fue que los dos veraneábamos en Santa Teresa y él estaba
tatuando en una carpa re precariamente, con material no descartable y
obviamente sin esterilizar, pero el loco no sabía dibujar nada, tatuaba
calcando y un día en Santa Teresa, que yo estaba ahí mirando como él tatuaba,
le ayudé a dibujar un águila que un loco se quería hacer y como quedó
buena, quedamos en que yo le dibujaba los diseños para que él tatúe y me
tiraba unos pesos y así me involucré en este mundo. Ese verano pasó y
recién al otro año, en el próximo verano que nos volvimos a encontrar,
yo tenía 16 años e hicimos el mismo trato que después se extendió para
todo el año, yo iba a la casa y le hacía los diseños, ahí empecé a
tatuar: primero me hice una máquina casera y ya a finales de ese mismo año
me compré una buena máquina y ta, al primero que pinché fue a él, pero
al primero que tatué realmente un tatuaje entero, fue a un amigo que
hasta hoy lo tiene
Para los demás tatuadores las cosas no fueron muy diferentes:

Julio: comencé de casualidad, empecé dibujando desde chico, hice artes
plásticas, cursos de dibujo y llegado a los 10, 12 años estaba pintando
óleos y cuadros, pero mi viejo me dijo: ‘mirá no te dediques más a
pintar cuadros que te vas a morir de hambre’, entonces dije ta! tiré todo
lo que tenía que ver con el arte y empecé a estudiar medicina, que era
lo que más me gustaba en ese entonces, hasta que aparecieron un par de
amigos con unas máquinas de tatuar, vi lo que era, vi como era y dije
¡wow! esto me gusta y me empecé a involucrar. Después, a golpes como
todo lo que uno aprende solo y más en ese entonces, y bueno, después de
ahí empecé a buscar información, cosas; en Uruguay el mercado era muy
chico y bueno nada, de casualidad empecé en mi casa tranquilo, pero en ese
momento, era mucho más difícil que ahora, porque no había Internet ni
nada, pero aprendí solo, como casi todos los tatuadores que hay, salvo
los tatuadores del primer mundo; obvio que mi primer máquina fue
casera, me la hice yo

Leonardo: Yo arranqué a los 15 años que empecé a tatuarme como todo
pibe de barrio de Montevideo, con agujas a mano por el entorno en el que
me manejaba y eso me despertó el gustito por el tatuaje, empecé a
investigar mediante revistas, que era lo único a lo que podías acceder con
una limitación muy grande y empecé así a ver cómo era todo; empecé a
tatuar con máquina casera a amigos, como casi todos los tatuadores de acá,
siempre dibujé además y bueno cuando descubrí lo que era el tatuaje
empecé a investigar y a los 18 de edad ya tuve mi primer equipito como
para hacer las cosas bien y me hice profesional unos pocos años después,
a las 20 más o menos

Pablo: Fui dibujando muchos años como hobbie, un día me hice amigo de
un tatuador que me tatuó y de onda ahí me pasó unos piques y me
preguntó por qué no tatuaba y empecé a tatuar en mi casa que me hice un
estudio y traté de tenerlo lo más prolijo posible, por suerte no empecé con
máquina casera porque en ese momento ya había suficiente mercado y pude
entonces arrancar bien

Nelson (uno de los tatuadores que trabaja en el local de mayor
antigüedad en Uruguay -Graphica-) también nos cuenta cómo fueron sus inicios:

Arrancamos como todo el mundo con tres agujitas atadas haciendo
pinchadas, después usamos más la cabeza, para no tener que pinchar puntito por
puntito y así le pusimos motorcito e hicimos la primer máquina, la
idea de hacer tatuajes fue a través de las pocas revistas que había;
trabajé un año en mi casa y después empecé a trabajar acá en el local
Esas, son más o menos las historias personales de cómo los tatuadores
se involucraron con esta práctica, que al pasar los años fue cambiando y
evolucionando hasta la actualidad, en donde nos encontramos con un
fenómeno que se realiza en locales comerciales a nivel profesional. Hoy,
según nos cuenta uno de los tatuadores entrevistados (Guzmán), los que
más repercuten son Gabriel Callico y Eduardo Sasia:
Callico viajó mucho y tatuó en muchas convenciones, tiene premios y le
fue muy bien siempre en todos los países donde no cualquiera compite,
ya que hay muy buena competencia y Sasia que metió mucha revista
internacional en Brasil y Alemania, se mueve mucho en eso y manda fotos por
todos lados y publican sus laburos
Mientras que en cuanto a los tatuados, el que llegó más al extremo al
tatuaje en Uruguay, fue Eduardo Solari conocido como el “punki” y/o “dos
caras”, quien tiene el cuerpo parcialmente completo de tatuajes,
incluyendo la cara.
Como decíamos anteriormente, la situación actual del tatuaje en nuestro
país, ha cambiado y avanzado mucho en varios aspectos, que no son de
menor importancia y que por lo tanto vale la pena destacar.
. . .
. En referencia a lo legal, como cualquier otro rubro, los
negocios deben hacer aportes a la D.G.I (Dirección General Impositiva). y
B.P.S. (Banco de Previsión Social), pero además los que trabajen en el
local como tatuadores y/o perforadores deben tener aprobado un curso de
capacitación en bioseguridad y la habilitación del M.S.P. (Ministerio de
Salud Pública). .
Sin embargo, tal como me decía Guzmán, el M.S.P. no
hace generalmente las visitas sorpresivas que debería hacer para ver si
los locales están trabajando en las condiciones establecidas. Para que
el M.S.P. lo exija, debería brindar el curso de bioseguridad ellos
mismos y éste, en la única oportunidad que se realizó, fue privado. Por lo
tanto, quienes concurrieron pagaron por su cuenta. Si es algo
obligatorio, es el propio Ministerio el que lo debería organizar de forma
gratuita; es en parte por ello, que no se realizan los controles debidos.
. . .
. Esta falla, ha llevado a algunos
tatuadores a comentar que lamentablemente muchos colegas, no están tatuando hoy
en sus locales, bajo las condiciones en que deberían trabajar, dicho
en sus propias palabras Danilo nos dice:
falta un poco de control fiscal en el tema sanitario, que para mí es lo
prioritario porque es la salud de la gente, ya no es como antes, creo
que hoy está todo muy descontrolado en cuanto a lo sanitario, hay
locales que no entendés cómo viven de eso y cómo no los cierran, mismo con
el tema del piercing, que también es una herida y mucha gente te saca
una pieza de la vitrina y te la ponen directamente sin esterilizar, en el
tema del tatuaje lo peor es que no se cambien los guantes, que toquen
las tintas con los guantes sucios, en el tema del piercing es peor
Más allá de dicha carencia, se ha logrado la profesionalización de esta
actividad: el tatuador debe trabajar con guantes, tapabocas y agujas
descartables, debiéndose esterilizar los materiales no descartables, se
debe contar con un lugar de trabajo muy higiénico, que brinde
recomendaciones para la curación y que advierta sobre cualquier
contraindicación.
Justamente sobre estos aspectos se centró el curso de bioseguridad,
cuyo contenido básico hace hincapié en conocimientos sobre distintos
puntos:
a) anatomía y fisiología básica de piel y mucosas;
b) asepsia de piel y mucosas;
c) prevención y protección del personal y del cliente;
d) cuidados especiales luego de la aplicación de tatuajes y/o piercing;
e) locales e instalaciones: condiciones higiénico-sanitarias;
f) limpieza y desinfección de herramientas y materiales;
g) residuos: tipos y eliminación;
h) métodos de esterilización y desinfección;
i) microbiología básica: infecciones, microorganismos patógenos
oportunistas, de transmisión cutánea y sanguínea;
j) enfermedades de transmisión sanguínea: hepatitis, VIH.
El tema de la esterilización aparece como tema central del curso. Se
puede definir como el proceso mediante el cual se alcanza la muerte de
todas las formas de vida microbiana, incluyendo bacterias y sus esporas
altamente resistentes, hongos y sus esporas y virus; entendiéndose por
muerte la pérdida irreversible de la capacidad reproductiva del
organismo. Existen distintos métodos para esterilizar, por un lado los físicos
(por calor -húmedo con autoclave o seco con horno Pasteur o Poupinell-,
filtración o radiación UV) y por otro lado los químicos (por medio del
glutaraldehido al 2%).
En cuanto a los cuidados del tatuaje recién realizado, en el curso se
establece que se debe dejar vendado por lo menos una hora y no más de
cinco, luego de sacar la venda no se debe colocar otra para dejar que la
piel respire, se debe limpiar dos o tres veces al día con jabón neutro
y agua fría y luego del secado aplicar producto o crema recomendada
(por ejemplo vaselina). Así mismo, se debe durante el proceso de curación
evitar piscinas, la exposición al sol, en caso de picazón no rascar,
no tocar con manos sucias y evitar roces.
Según lo que se indica en el material repartido en dicho curso, cada
local debe contar con: sistema de agua potable; toallas descartables;
área de trabajo separada del área de espera; iluminación suficiente;
superficies lisas en adecuadas condiciones higiénicas, impermeables de color
claro y fáciles de limpiar.
Al mismo tiempo, deben cumplir con las siguientes reglas para descartar
el material residual (correspondiente a las reglas universales de
eliminación de residuos biológicos): bolsas negras para material no
contaminado; bolsas amarillas para material contaminado o potencialmente
contaminado no corto-punzante y cajas duras para material contaminado o
potencialmente contaminado corto-punzante.
Asimismo, en cuanto a la reglamentación sobre el tatuaje, hace
aproximadamente dos años se aprobó una ley que prohíbe tatuar a menores de edad
en zonas visibles como manos, cuello, cara y también genitales. Así
como también se prohibió tatuar a menores de edad en las otras partes del
cuerpo, sin autorización de un mayor, por lo que si estos se quieren
realizar un tatuaje, deben ir acompañados por un adulto que firme el
correspondiente permiso.
Hemos visto que algunos consideran que entre las exigencias y lo que
realmente se está cumpliendo existe una importante diferencia, en algunos
casos por falta de control gubernamental. Esto no quiere decir que
realizarse un tatuaje o un piercing sea ponerse en riesgo en cualquier
local, sino que, simplemente hay que ser cauteloso a la hora de elegir la
tienda en función de la higiene. Es simplemente averiguar, informarse
un poco sobre a dónde es seguro ir, prestar atención a la limpieza del
lugar, estar atentos y observar que quien nos vaya a tatuar abra las
agujas ante nosotros, se cambie los guantes y que descarte el material que
no se puede ni debe reutilizar.

Parte de los logros que el mundo del tatuaje ha logrado en el Uruguay,
se pueden observar a través de la creación de A.U.D.A.C. (Asociación
uruguaya de artistas corporales) creada en el 2001. La Asociación fue
partícipe de una de las leyes más rápidas en aprobarse, pues en menos de
un año se diagramó, se aprobó y se decretó. La Asociación cuenta con una
presidencia votada entre los socios, siendo Eduardo Sasia el
Presidente, Guzman Tasende el Vicepresidente y el Secretario Leonardo Valverde.
Hoy la Asociación “lucha por sobrevivir” dado que se necesitan al menos
18 socios, que en principio existieron, pero que hoy han dejado de
pagar la cuota mensual y han dejado de ir a las reuniones. Con los socios
que quedan la Asociación no puede seguir en pie, hoy por ello nos
manifiestan que está en stand-by, es decir en suspenso.

. . . Todos estos logros,
avances y espacios que está ocupando el tatuaje hoy en el Uruguay, se
corresponden con un crecimiento en la diversificación del público que acude
a los locales de tatuajes, ya sea en cuanto a género, franja etaria,
“estilos” y hasta clase social; parece ser que aquella marca que tanto
estigmatizó a los presos marineros y prostitutas de los viejos tiempos,
pasó a ser una práctica popular y no tan mal vista. . .

. Según
Guzmán, hoy el tatuaje está creciendo, es un fenómeno relativamente nuevo
porque tiene sólo 20 años de historia en nuestro país, pero que poco a
poco va ganando más adeptos. Hoy, junto con el piercing, es una
práctica muy común entre los jóvenes, como un modo de embellecer sus cuerpos.
En su local, el público tiene mayoritariamente entre 15 y 30 años de
edad, aunque él me aclara que cuando son menores no se les hace nada a
no ser que vengan acompañados de sus padres. Van tanto hombres como
mujeres, aunque dice que últimamente van más mujeres que hombres.
Emiliano, a pesar de no ser tatuador, trabaja en una tienda de
tatuajes como perforador (y también está tatuado); acerca del local donde él
trabaja a diario nos cuenta:

Hoy acá viene gente muy variada, viene de todo, hombres y mujeres de
todas las edades, aunque predomina un público de 18 a 30 años, lo que sí
no predomina para nada es algún tipo de estilo, vienen alternativos,
rockavillis, chetos, planchas, es que si vos vas a un boliche
alternativo, de chetos o de planchas, seguramente todos tengan un tatuaje o un
piercing, ahora lo que sí va a variar, son los tipos de piercing o los
diseños

Diego: Cada vez en la sociedad se está asimilando más, se está
adaptando más a la sociedad

Israel: hoy es moda, se fue aquello de que el tatuaje era para los
presos, los chorros y los marineros, hoy es para todo el mundo, se
globalizó

Sin duda es una realidad, es un hecho que el tatuaje se está
popularizando, expandiendo sus fronteras, llevando sus límites más allá: está
pasando a ser una práctica muy difundida que supera toda barrera social,
dejando atrás los prejuicios en los que tuvo su origen en nuestra
sociedad; esto no significa sin embargo que no exista en este sentido
discriminación social.
Justamente sobre este último punto, hemos notado que a pesar de que,
como veníamos diciendo, el tatuaje cada vez es una práctica de mayor
difusión, hay sectores de la sociedad que gustan aún de estigmatizar a los
sujetos que decidieron practicar este tipo de decoración corporal.
Los tatuados deben así, enfrentarse a una continua y constante
negociación para con la sociedad, que los intenta inhibir, cerrándole puertas a
nivel social, negándoles alguna que otra oportunidad.
Nos referimos por ejemplo, al hecho de que muchas veces la gente que se
tatúa no lo puede hacer en lugares visibles, porque ello les traería
grandes problemas a nivel laboral, que pueden desembocar en el despido,
o que muchas veces se deba optar por tener que diariamente ocultarlos,
como que si fuese algo de lo que se tuviesen que avergonzar.

Diego: siempre trato de que mis tatuajes sean ocultos, porque yo no
tengo el futuro asegurado, y si algún día necesito ir a buscar trabajo
fuera de este ámbito, me pueden traer complicaciones

Mientras que por lo contrario Guzmán nos contaba que él justamente, se
decidió tatuar los antebrazos, cuando tomó la decisión de que se iba a
dedicar de lleno a tatuar, hecho representativo, ya que él haciéndose
eso, sabía que se estaba cerrando puertas en el ámbito laboral general
y de hecho, nos contaba que no fue una decisión fácil de tomar, pero,
una vez que optó por este camino, quiso representar su seguridad a
través de ese tatuaje que le recordaba qué es lo que había decidido optar.
Frente a este tema, a lo largo del trabajo de campo y la etnografía
realizada, hemos encontrado distintas opiniones, sobre cómo se sienten los
tatuados y tatuadores en relación a las sociedad en general, a modo de
conocer si han tenido problemas por el simple hecho de tener tatuajes,
ya sea a nivel laboral pero también por ejemplo a nivel familiar.
Las respuestas, opiniones, experiencias y percepciones de los
involucrados han sido muy variadas; en el caso de Guzmán una de las cosas que
más le molestaba como tatuador era que la gente le pregunte: “che y ¿se
puede vivir de eso en Uruguay?”, en vez de preguntarle por ejemplo: “y
¿cómo te esta yendo en el negocio?” que según él, es algo que apunta a
la misma respuesta, sólo que sin menospreciarlo:

lo que me calienta es que la gente que no conoce del tema lo primero
que te dice es: ¿pensas vivir de eso?, y te mata eso, porque capás que yo
estoy ganando más que el loco con esto, en vez de preguntarte bo, ¿te
va bien?, que es la misma pregunta pero no significa lo mismo, te
minorizan, me molesta que la gente tire tan abajo, eso para mí es la
discriminación más agresiva, porque si me discriminan por lo físico yo también
lo hago, yo si veo a un pinta vestido de tal o cual manera ya lo
catalogo de alguna manera (…). También yo zafé de la discriminación con lo
de conseguir trabajo, porque desde chico me dedico a esto y hoy tengo mi
local, pero si veo que discriminan a mi hermano, que también tiene
piercing y tatuajes (…), otra cosa que me molesta es que si vas a un lugar
como cliente, por ser así te prejuzgan, cuando me mudé con mi pareja y
me quise comprar los muebles, fui a Ocre que es una tienda cara y
cuando entro, primero la vendedora me juna de arriba a abajo. Yo le
pregunté por una mesa y me dice de primera: sale $18.000, mientras que en otro
lugar primero te invitan a pasar y te lo intentan vender, ella me dijo
así porque se pensó que yo con mi pinta, no se lo iba a poder
comprar, y yo agarré y en vez de calentarme e irme, me gusta jugar con eso y
le digo ‘¿te lo pago al contado?’ En vez de decirle no te compro nada y
la mina diga no tenía un mango. Yo creo que la mina tuvo que aprender
algo, así el próximo que caiga como yo le van a invitar a pasar por lo
menos. A veces también lo que me pasa que si estoy con mi novia, me da
la sensación de que la gente se piensa ‘esta es la que tiene la guita y
tiene un novio roquero’, porque ella tiene buena presencia, porque ella
trabaja de trajecito, o sea, siempre está bien vestida y es linda y le
hablan a ella porque se creen que es la que tiene la guita y en
realidad, no va a poner un mango porque no puede (risas)

Según Emiliano, él no se siente particularmente discriminado por tener
tatuajes:

Si no me aceptan en un boliche será porque no entro en el perfil de ese
lugar y está bien, lo mismo si no te toman en un trabajo por tener
tatuajes dado, que si el dueño tiene un negocio que apunta a tal o cual
público no puede poner a cualquiera a trabajar. Así como yo tampoco
tomaría a cualquiera para atender en mi local; distinto es que yo vaya en
el ómnibus y no me siente al lado tuyo porque seas negro, gordo o tengas
tatuajes, eso es discriminación, lo otro no

Uno de los tatuadores que tuvimos la oportunidad de entrevistar,
nos contaba que a un amigo suyo no lo dejaron entrar a la casa de la
familia de su novia una vez que se enteraron que tenía tatuajes; también
los distintos entrevistados nos contaban, que al presentarse ante una
familia nueva (como por ejemplo la de una pareja) tratan de “disimularse”
de algún modo para no chocar tanto por su apariencia.
El tema está, en que tal como lo señala Le Breton (2002): hoy el look
es fundamental, por la demanda laboral, la publicidad, etc., hoy la
presentación física equivale socialmente a una presentación moral (hay un
código moral de las apariencias). Hoy el cuerpo es objeto de una
preocupación constante.
Así es que, todavía, un cierto sector de la sociedad se rehúsa a
aceptar a los tatuajes en todos los ámbitos; pero parecería ser por
momentos que la tendencia es que los tatuajes se expanden a todos los
sectores de esta sociedad. El punto es que hasta ese entonces (como hemos
visto) los tatuados deben siempre negociar.

 

 

 

 

 

5. TATUAJE: DESINTEGRACIÓN/INTEGRACIÓN ¿POR QUÉ LOS JOVENES SE TATÚAN?

Tradicionalmente los tatuajes, en las sociedades prehistóricas y/o
protohistóricas, jugaron un rol de integración social: no constituían en lo
más mínimo un elemento trasgresor para ese grupo cultural. Hoy sin
embargo, la significancia de este fenómeno en las sociedades
contemporáneas, ha dado un vuelco que lo traslada al lado opuesto de dicha
significación: hoy los jóvenes se tatúan para activar un proceso de
diferenciación, ya no lo hacen como antiguamente se hacía, para ser “uno más”, sino
que lo hacen para ser “uno menos”, hoy no es una práctica cultural
heredada, sino una práctica cultural adoptada.
Pero, ¿por qué los jóvenes se tatúan si es algo que los va a
diferenciar dentro de su propio grupo cultural? Esta pregunta es el pretexto para
desarrollar este capítulo, que intenta entender esta práctica dentro
del contexto socio-histórico y cultural en el que toma significancia y
bajo el cual se constituye.
Para ir adentrándonos en este punto, vale la pena destacar lo que
Guattari (1989 en Ganter 2005) postula sobre los cuerpos de los jóvenes que
se encuentran hoy frente a la “encrucijada entre –por un lado– el
cuerpo-objeto, en tanto cuerpo cosificado, capitalizado y puesto a rendir en
la escena del consumo y la moda, como efecto de la trama mediática
promovida por el mercado y el tráfico de las imágenes, o bien, en tanto
cuerpo sospechoso, que marcado y estigmatizado por los circuitos de la
seguridad urbana, se lo castiga y excluye como objeto peligroso para la
hegemonía del orden social dominante. Y –por otro lado– el
cuerpo-sujeto, atravesado por una multitud espesa de fuerzas oblicuas e insumisas
que se resisten a la programación serializada de la subjetividad
capitalista, y que por lo mismo es capaz de producir agenciamientos colectivos
que encarnan nuevas cartografías socio-culturales, cuyos lenguajes y
prácticas emergentes no suprimen el sistema de dominación, pero que en su
despliegue local logran fisurarlo micropolíticamente, poniéndole freno
al imperio global de la racionalidad tecno-instrumental” (Guattari
1989 en Ganter 2005: 21).
Paula Croci y Mariano Mayer (1998, en Ganter 2005) nos dicen que desde
esta perspectiva, los tatuajes actúan como una pretensión de evadir el
control social que pesa sobre el cuerpo (en tanto cuerpo-sujeto). De
ahí, que estas prácticas se pueden traducir como tácticas de apropiación
corporal para su posterior expropiación simbólica.
Las culturas juveniles van siendo constituidas a partir de un campo de
fuerzas tensionado por interferencias de la cultura de masas y del
mundo de la moda, donde se enfrentan y ponen en conflicto los retazos de lo
efímero y lo perdurable. Tensión que por lo demás, llega a inscribir
su población de signos sobre el propio cuerpo, operando directamente,
efectos indelebles sobre los tejidos de la carne y de la sociedad (Ganter
2005).
A través del tatuaje, los jóvenes encuentran una nueva vía de
expresión, un modo de alejarse de la normalidad que no les satisface. Procesos
que los llevan a gobernar su propia imagen ante los demás y a apoyarse
en el grupo de pares (Pere-Oriol, et al., 1996).
La marca les permite recuperar/apropiarse de su cuerpo que simboliza y
reproduce la “exclusión” de la que el sujeto es objeto (interpretados
desde este punto de vista como violencia simbólica), entonces, éstos son
cuerpos desadaptados sociales, que en realidad, son cuerpos adaptados
a la reproducción de la situación de “exclusión”. El tatuado aparece
como autoestigmatizado, dado que él elige tatuarse a pesar de que la
sociedad lo evaluará, juzgará y clasificará; actúa entonces en estos casos
como una provocación que saca a la luz los prejuicios sociales y el
estigma se materializa en el tatuaje: marca que visibiliza lo que podría
permanecer oculto o al menos no tan visible (Rocha, s.d.).
Es así que van surgiendo y multiplicándose los colectivos de jóvenes
que han tomado como opción y forma de vida la práctica de hacer mutar sus
propios cuerpos, entendiendo que, dicha práctica de metamorfosis
corporal, se orienta al interior de una resistencia contra un sistema que ha
hecho de lo evanescente, lo descartable y lo desechable uno de sus
valores y normas sociales predilectas.
Bajo este contexto, es el propio cuerpo el que se convierte en sujeto
para cierto tipo de jóvenes urbanos que han optado por dejar huellas
imborrables sobre sus pieles, imponiendo un valor agregado, perenne, que
fractura la economía de la moda y el propio culto a los emblemas de lo
nuevo y momentáneo (Ganter 2005).
Hoy, el cuidado del cuerpo se refiere más al aspecto que a la salud,
por la imperiosa necesidad de la imagen; apariencia-imagen-identidad:
triángulo conceptual. Prácticamente todos están preocupados por el
problema de las apariencias, tal es así que en muchos casos, la apariencia
resulta ser el principal elemento de choque con la sociedad global. Ahora
todo esta transparentado, todo se ve a través de alguna superficie.
Por medio del tatuaje, se exhibe el rechazo a la normalidad, entendida
como norma, donde lo normal es aquello que se ajusta a la norma, y la
norma es la pauta que rige la conducta, es decir la delimitación de las
acciones de los cuerpos (Nievas, 1998) y es justamente a través de la
“imposición” de lo normal, que actúa y ejerce su control la dominación
corporal, que Urresti (1999) define como: aquello que aparece
representado por un cuerpo construido por muchos otros cuerpos, como un gran
cuerpo que devora y metaboliza otros cuerpos menores.
La importancia de las formas de reconocimiento y de la apariencia está
en que estos grupos se definen por separación de lo normal, expresan de
modo más o menos consciente un rechazo por el modo de vida
tradicional: rebeldía estética; así, los atuendos y las apariencias constituyen
índices de extrañamiento y separación: exhiben notoriamente la lejanía
entre el grupo y la sociedad convencional. El atuendo entonces, nos dice
sobre el grado de identificación con el grupo y el nivel jerárquico
alcanzado dentro del grupo (Pere-Oriol, et al., 1996).

En función de lo que acabamos de describir, vemos al tatuaje en nuestra
sociedad actual, como un fenómeno trasgresor, de diferenciación y
rebeldía, elemento de desintegración; sin embargo, paralelamente y al mismo
tiempo, es un fenómeno de integración.
Dicotómicamente, esta práctica nos diferencia de unos porque a su vez
automáticamente nos asemeja a otros, crea un “nosotros” diferente a unos
“otros”. Es activador entonces, de sentimientos de pertenencia, parece
ser así, que ha recobrado aquella siginificancia que le dio origen al
mismo: nuevamente podemos ver al tatuaje como un elemento de
integración; la diferencia, se sitúa de esta forma, en que no nos integra a la
sociedad en general, sino a un sector de la sociedad en general.
Así como la marca estigmatiza, también es símbolo de reconocimiento a
partir del código que emerge de la cultura del propio grupo de
pertenencia del joven, que le estaría atribuyendo la capacidad de haber superado
el miedo al dolor físico, el cuerpo queda así, atrapado en una
paradoja: trofeo/estigma. Los tatuajes tienen una ambigua cualidad: son signos
de inclusión en determinado grupo y de exclusión del mundo social más
amplio, abre determinadas puertas pero cierra otras (Rocha, s.d.).
La construcción de la identidad, implica un estatus relacional:
necesitan de los otros para construir su propia identidad, por oposición a los
“otros” y por identificación con un “nosotros”. El enfrentamiento con
lo externo es una manera eficaz de mantener la cohesión grupal interna.
“Consiste en términos simbólicos, en el establecimiento de un círculo,
claramente delineado, que aúna a los que están dentro y separa a los
que quedan fuera de él. Crean pues, dos identidades, la propia y la
ajena” (Pere-Oriol, et al., 1996:28); se señalan así límites, fronteras y
barreras.
Se debilita el modo tradicional de construir la identidad, que antes
estaba dada por el tiempo y el lugar; hoy, se buscan nuevas divisiones.
Se pierde, entonces, el sentido cultural del espacio-lugar, dado que
estos ejes ya no subordinan al sujeto, sólo le sirven de “ámbito por el
cual circular, sin ofrecerle referentes de identidad” (Pere-Oriol, et
al., 1996:29). A través del tatuaje, los jóvenes encontraron una nueva vía
de expresión identitaria, un modo de alejarse de la normalidad que no
les satisface.
La construcción del individualismo, es el esfuerzo de reducción y
simplificación de la complejidad de una sociedad, cada vez más grande y más
difícil, donde la gente circula cada vez más, pero se encuentra cada
vez menos (Pere-Oriol, et al., 1996).
Es en este sentido, que resurgen expresiones y comportamientos
fuertemente expresivos y autoafirmativos, por medio de la exageración de señas
como elementos identificativos y de cohesión del grupo. Los cuerpos
elaboran identidad porque son formas de representarse en el espacio
social, y el tatuaje, como marca de identidad, equivale a un símbolo de
pertenencia social.

Frente a la constante aceleración de las innovaciones, lo neotribal
consiste en confiarse de un mundo y un universo conocido, con valores
simples, estables y duraderos (como el tatuaje), prefieren la adopción de
una máscara fija, auténtica, a través de la cual, pueden reconocer y ser
reconocidos (Pere-Oriol, et al., 1996).
Desde esta perspectiva, el tatuaje pierde su carácter de trasgresor
dentro del sector de la sociedad que ha adoptado esta práctica como un
modo de diferenciarse de los demás; y es dentro de este contexto, que el
tatuaje pasa a ser parte de un nuevo orden simbólico dominante, o dicho
en palabras de Dick Hebdige (en Ganter 2005) la subversión es seguida
por la integración.
En ese sentido, el autor plantea que “los estilos subculturales
juveniles pueden comenzar por lanzar desafíos simbólicos, pero deben terminar
inevitablemente por establecer un conjunto de convenciones; por crear
nuevas mercancías, nuevas industrias, y por rejuvenecer a las viejas”
(en Ganter 2005: 22).
Desde este punto de vista, uno podría terminar sosteniendo que bajo la
ley del mercado, el discurso de las culturas juveniles, sólo fabrica
simulacros de subversión regulados por la máquina capitalista, hoy
adaptada y especializada para convertir todo acto de rebelión en un aspecto
más de su versión, con el fin de diversificar su demanda diferenciada y
personalizada; así, cuando uno va en contra del sistema puede estar
insertándose en el mismo, llevándolo hasta sus últimas consecuencias. En
ese mismo sentido, “sería complejo identificar alguna práctica
radicalmente ‘otra’, que exprese la constitución de una alteridad y/o anomalía
más allá de los códigos de la colonización capitalista, pues dicho
sistema es visualizado como un todo clausurado sobre sí mismo y que
impediría cualquier tipo de perforación crítica sobre su tejido perfecta e
infaliblemente suturado” (Ganter, 2005: 22).
Pero en función de este razonamiento, ¿nos encontramos acaso frente a
una muerte anunciada de todo antagonismo crítico radical? Sí el
capitalismo posmoderno está preparado y capacitado para adoptar como parte de
su propio sistema todo acto de contraposición como una expansión de sus
propios límites altamente flexibles, ello parecería ser verdad. Sin
embargo, a pesar de que esto tiene en gran parte reflejo en la realidad,
no debemos ser, tal vez, tan extremistas y podemos dejar un lugar a la
existencia de rasgos contra-hegemónicos, en algunas prácticas juveniles
urbanas, ligadas a las cartografías del cuerpo-sujeto (Ganter, 2005).
Cabe preguntarnos, al culminar este capítulo si estamos haciendo
referencia a un nuevo tipo de “tribu urbana”, en el sentido en que la definen
Pere-Oriol et al (1996), como: agrupaciones de jóvenes y adolescentes
que siguen hábitos comunes y se hacen visibles, sobre todo en las
grandes ciudades. Tal vez sí, tal vez no; sin embargo, no intentaremos aquí
responder esta pregunta, no es algo que nos competa en esta
investigación; pero sí valía la pena mencionarlo y relacionarlo para resaltar el
hecho de que fenómenos como el tatuaje y las tribus urbanas son
prácticas juveniles que se entretejen en el entramado complejo de las
sociedades en la actualidad.

 

6. EL TATUAJE Y SUS DISTINTAS DIMENSIONES

Si el origen del tatuaje se rastrea en lejanos mares y a través de casi
míticos viajes de exploradores y aventureros, su presente se puede
encontrar en cualquier calle de cualquier ciudad. Sin duda, muchos de los
jóvenes que hoy se tatúan, no son conscientes del verdadero significado
de lo que llevan escrito sobre su cuerpo, así como muchos escritores
repiten fórmulas, copian textos de otros o, simplemente, escriben sin
saber ni qué dicen (Olivares, Rosa, s.d.).
“Pero hay muchos otros que sí saben lo que escriben, sí son conscientes
de lo que hacen con su cuerpo. Ellos/ellas no confunden el adorno con
el concepto, no confunden lo esencial con lo frívolo. Ellos están
contándonos su historia personal, nos están hablando, ciertamente en clave,
de su propia vida, de sus experiencias singulares. El tatuaje compone a
lo largo de su vida un auténtico traje con el que van revistiendo todo
su cuerpo, el único traje que les acompañará ya siempre” (Olivares,
Rosa, s.d.).
Fue muy recurrente a lo largo de todo el trabajo de campo, una
diferenciación que continuamente hacían e hicieron, básicamente, los tatuadores
y tatuados-as (que tenían varios tatuajes), en relación a una
subdivisión que ellos perciben y consideran que existe dentro del mundo de los
tatuados en su generalidad. Parece ser que están saliendo a luz, que se
están presentando diferencias sutiles, distintos matices dentro de un
grupo, que para muchos a simple vista puede ser considerado como
homogéneo e igual. Nos referimos, al hacer alusión a esta diferencia, a un
sistema de clasificación que elaboran y construyen aquellos que parecen
llevar el tatuaje a otro nivel, a un nivel que va más allá y que con
mayor compromiso lo suelen adoptar.
A la hora de entrevistarnos con estos sujetos y de entablar
conversaciones sobre el tatuaje a nivel general, no pasaban ni cinco minutos sin
que nos hicieran notar una diferenciación, entre lo que muchos dieron a
llamar el tatuaje “artístico” distinto al tatuaje “comercial”. Muchos
otros no usaron estos términos explícitamente, pero no por ello fueron
la excepción: dado que presentaron, conceptualmente, estos dos modos de
relacionarse con el tatuaje en el Uruguay. En este sentido, Leonardo
nos comenta lo siguiente:

Yo veo dos ramas fuertes del diseño del tatuaje en sí: una es como
método de expresión y la otra como forma estética sin compromiso, diseños
que se hacen porque quedan bien, o para resaltar alguna parte del
cuerpo; el otro tipo de tatuaje es para mí el más atractivo porque vos
expresás una forma de vida o un concepto, llevan por detrás un proceso de
búsqueda, una investigación por así decirlo y después hay que hacerlo y
buscar que el diseño exprese eso. Lo estético por ejemplo, es el tribal,
basado en líneas sin significado, diseños que no comprometen, también
por ejemplo rosas y otros trabajitos, pero eso no quita que para
alguien una rosa sí tenga un significado más profundo. El otro tipo de
tatuaje es personal, va mas allá del solo hecho de tatuarse, no hay
parámetros para definirlo.

Es de este modo que presenciamos un pasaje, un traslado en la
diferencia que a grandes rasgos veíamos hasta el presente momento: de una línea
que se formaba en relación a los tatuados y a la sociedad en general
(no tatuada), a una diferenciación dentro del propio mundo de los
tatuados; es así, que la diferencia ya no es entre los que están tatuados y
los que no, sino que ésta, se sitúa ahora, a la interna del grupo de los
tatuados en Uruguay.
La diferencia entre el tatuaje “artístico” y el “comercial” responde a
clasificaciones nativas. Importante es aclarar que nos referimos a una
diferencia que se hace presente en el discurso privado y no en el
discurso público, pues sólo salen a luz en las amenas charlas y
conversaciones a modo de entrevista que tuvimos con los informantes, son cosas que
salen a luz en las reuniones entre el grupo de pares, que por el
contrario, no se perciben en los contextos y/o ámbitos más formales.
A modo de ejemplo, en las Convenciones Nacionales, estas categorías no
se presentan, no se hacen notar; sino que, las categorías en las que en
estos momentos se clasifica el tatuaje son otras. Aquí, los tatuadores
que compiten por sus trabajos, lo hacen según el mejor: cover up, el
mejor tatuaje tribal, realista, new school, biomecánico, espaldas
enteras, etc., estilos en los que se ha clasificado al tatuaje a nivel
internacional: se le puso una definición a cada estilo, arbitrariamente
forzado por las tendencias de los clientes, se necesitó definir y
taxonomizar los estilos mundialmente, porque son tendencias que se dan.

Lo del tatuaje artístico y comercial son dos tendencias generales
dentro de las que después se enmarcan los estilos en que se clasifican los
tatuajes en las convenciones, son dos categorías más amplias en las que
después se clasifica el tatuaje (Leonardo).

No es tarea sencilla definir al tatuaje “artístico” y al “comercial”.
En base a las entrevistas podemos decir, que no se trata de dos
categorías puras, claras y fáciles de detectar; muchas veces en verdad, puede
ser no tan difícil determinar qué es “artístico” y qué es “comercial”,
pero otras veces (y en muchos casos), esto no es tan accesible de notar.
Es así, que se trata en realidad de una cuestión y de una
diferenciación sutil y de grado; no es tarea sencilla decir: acá termina lo
“comercial” y acá comienza lo “artístico”, ya que por ejemplo no todos usan los
mismos parámetros para poder delimitar; así mismo como hay otros, que
estando plenamente involucrados en el mundo del tatuaje, son
diferencias, que no parecen considerar (aunque claro son los menos).
Para Emiliano, existe una diferencia entre el tatuaje “artístico” y el
“comercial” en función del grado de conciencia con que lo hacen los
individuos, ya que “el cuerpo es un terreno de juego y lucha en el que su
dueño no es tan soberano como en ocasiones y con inocencia se piensa”
(Urresti, 1999:74); es así que nos decía:

Hoy la gente no sé hasta qué punto es consciente y realmente está
eligiendo individualmente a la hora de hacerse un tatuaje o un piercing, hoy
vienen las chicas de 15 años a perforarse el ombligo porque se lo
tienen que hacer, no tienen opción: o son cool o no son nadie, así, si no
se hacen nada no tienen amigos por ejemplo

En el caso de Gonzalo, la diferencia entre el tatuaje “artístico” y
“comercial” se hace presente a través de una forma más sutil, a pesar de
que él no consideraba explícitamente éstos términos. A lo largo de las
sesiones de tatuaje que tuvimos durante la observación participante nos
decía que estaba remodelando su casa, que al terminar tenía pensado
hacerse un cuarto para tatuar trabajos grandes a gente que supiera algo de
tatuajes; además continuamente en las conversaciones hacía referencia
a:

Las minitas rompe huevo del barrio, que se vienen todo el rato a tatuar
letras chinas y esas boludeces…

Parece ser entonces, que aquella distinción se va haciendo poco a poco
presente y de hecho, parece ser que éste no es un fenómeno aislado que
se da sólo en Uruguay. Pablo Winokur (s.d.) en un estudio sobre
tatuajes que realizó en la galería Bond Street, de Bs. As., Argentina
(caracterizada por que aproximadamente un 80% de las tiendas allí son de
tatuajes), encontró la misma diferenciación. Así lo expresa en su libro,
donde comenta que en general los tatuadores coinciden en que el tatuaje en
sí es un modo de vida y que, de hecho, algunos se molestan si les piden
el mismo diseño que tiene una modelo: porque la gente le ve el tatuaje
a Natalia Oreiro por ejemplo, pero los tatuadores tratan de
movilizarlo a un nivel mas íntimo.

Es importante aclarar, que al hablar del tatuaje “artístico” y del
“comercial” no estamos diciendo que el primero es arte y el segundo es
comercio, ya que en general, los tatuajes “artísticos” involucran alguna
transacción comercial y los “comerciales” muchas veces también
involucran arte; así es que reiteramos que es una diferencia gradual.
Entonces, nos podríamos preguntar ¿por qué utilizar esos términos si no
se pueden aplicar en su totalidad? La respuesta es: porque son
términos que han sido utilizados por los propios sujetos pesquisados y porque
hacen referencia a aquellos conceptos, que se presentan en una cuestión
de grado y no en su totalidad.
El tatuaje “artístico” atañe al uso del propio cuerpo como obra de
arte, lo cual fue una de las múltiples propuestas que comenzaron en la
década de los sesenta y setenta, en una búsqueda de romper todos los
límites establecidos en la concepción artística tradicional. Si ya el acto
creativo individual se había transformado en el tema central de la obra,
ahora era el individuo en sí mismo el que se convertía en eje
fundamental, en una reivindicación de la libertad mental y física del artista.
Es así que el tatuaje “artístico” puede ser visto como un modo
consciente de expresarse, de autorepresentarse y de autopercibirse. Se da la
diversificación a través de la individualización, por medio del abandono
de los cánones estéticos, adoptados por la sociedad. El individuo
auténticamente tatuado está privado, dentro de este contexto, de dimensión
estética para esa sociedad. …………………………………………………
. Pero
claro que esto no equivale a libertad plena y real del individuo que
se tatúa, pues no debemos confundir libertad de opciones con “la
libertad” (Menicocci, s.d.). Los tatuajes son marcas indelebles en el cuerpo y
se han convertido en productores eficientes de identidad, mediadores
entre el ser y el parecer. Las marcas construyen la identidad grupal e
individual, señalan quién soy.
Para mí el tatuaje es una forma de expresar, como tatuador me gusta
mucho diseñar desde nada, una frase, un concepto de vida, y con pequeñas
pautas, palabras que lo definan como persona, me gusta poder trasladarlo
a un diseño, para eso, necesito un poco de libertad, cosa que con los
tatuajes de catálogo no se puede lograr (Leonardo)
Cuando hablamos, entonces, de tatuajes “artísticos”, nos referimos a un
tipo de tatuaje que presenta todos o algunos de estos elementos, los
que se relacionan de esta forma, muy estrechamente, con la expresión de
la creatividad, con signos o acciones que intentan una comunicación de
múltiples niveles, no sometida a reglas concretas. El arte no es, pues,
necesariamente una expresión de “lo bello” o “lo hermoso”, sino una
expresión humana, sin usar reglas absolutas ni códigos cerrados. Aunque
puede servirse de ellos (como el lenguaje verbal), pero los usa para
expresar una comunicación no totalmente racionalizada, que apela a las
sensaciones en el espectador.
A grandes rasgos, podríamos decir que el tatuaje “artístico” está
compuesto por distintos elementos como la originalidad, la creatividad,
tamaño grande, un concepto en el que se basa; suelen ser más profundos o
con un significado que aunque es puramente estético, va más allá; siendo
la combinación de estas características suficientes, pero no todas
necesarias exclusivamente. Si quisiéramos ejemplificar este tipo de
tatuajes, sería una tarea muy difícil y por momentos contradictoria y
absurda, porque éstos, justamente, se caracterizan por no tener estereotipo
alguno.
Sin embargo y en contraposición, el tatuaje “comercial” estaría
caracterizado por diseños generalmente pequeños, repetitivos, sacados de un
catálogo, revista y/o medios de comunicación; no suelen ser exclusivos,
tienen un fin puramente estético y para la mayoría responden a la moda
imperante de la actualidad. Nos sirven de ejemplo, para definir este
tipo de tatuajes, las letras chinas, las mariposas, las hadas, los
delfines, los pequeños tribales, las estrellas, los códigos de barras, las
rosas, los brazaletes, los dragones, etc.; o como nos lo contaba Israel:

Acá vienen a pedirte qué es lo que se usa, al principio era la de los
delfines, y era delfines, delfines, después pasó un poco lo del delfín
pero vinieron las rosas, las rosas, las rosas, las rosas, después los
dragones, dragón, dragón , dragón, todo el mundo dragón, ahora es la
letra china, todo el mundo letra china, letra china, después los tribales,
tribales, tribales, tribales, después el tribal en la cintura, y pá,
pá… es más, hicimos un catálogo especialmente, para los tribales en la
cintura.
Julio: Hay gente que te dice quiero hacerme un tatuaje y vos le
preguntás qué querés y te dicen ‘no sé’ y ahí en general las mujeres, se hacen
mariposas, lunas, soles, hadas, ninfas, los hombres son más de
calaveras. Hay muchos que no buscan un significado, sino que se hacen algo que
más o menos les guste, aunque suelen darle después un toque de por qué
se lo hicieron (…).A mí no me gusta decir que el tatuaje es una moda,
yo no lo veo como una moda porque el tatuaje te dura toda la vida, más
que moda los llamaría, a esos tatuajes, algo masivo, para mí, moda es
lo que no tiene fundamento y todo el mundo se lo hace porque todo el
rebaño lo hace y en realidad en ese caso se le puede llamar moda, aunque
no me gusta; el tema está en que se está haciendo más popular, eso hace
que la mayoría se hagan cualquier diseño, no lo piensan ni lo analizan
bien. A mí me gusta hacer tatuajes que signifiquen algo, que tengan
alguna connotación, ya sea buena o mala, por ejemplo el otro día hice un
diseño para una piba que la violaron de chica, y ta, eso es muy fuerte y
aunque es algo recontra negativo, me gusta que ese tatuaje tenga
sentimiento, que tenga emociones, aunque represente una etapa muy dura de
alguien; para mí la originalidad es la base de todo, no en todos los
tatuajes puedo expresar mi arte, por ejemplo, en un tribal, un sol… si
fuera por mí, haría espaldas todos los días

Damián: La mayoría de la gente se basa en los medios lo que se quiere
hacer, pero hay gente que le llega más profundo, letras y tribales es lo
que predomina, muchos vienen con algo pensado, pero muchos bichan el
catálogo en dos minutos. Predomina el tatuaje comercial, el que se hace
más por moda. Se puede hacer algo mucho más artístico y se pueden hacer
mejores cosas; a mí me gusta lo artístico, las caras y los tribales
más elaborados, no los del coxis y el omóplato. También los tatuajes
artísticos necesitan de más tiempo, le tenés que dedicar mucho tiempo de tu
vida a un tatuaje de este tipo, lo tenés que diseñar, tatuar en
sesiones que llevan horas.

Hoy los tatuajes se han popularizado. Tradicionalmente fueron una marca
que estigmatiza, sin embargo hoy, se han puesto de moda en los
distintos estratos sociales, jóvenes de clase media y alta también se los
hacen, pero aquí el significado varía; es así, que los procesos de
inscripción, crean en sí mismos un cuerpo cultural y mantienen límites sociales
muy específicos: expresan la posición social que el cuerpo ocupa. Los
tatuajes de mayor demanda, parecen estar seleccionados de una gama de
diseños muy reducida (Rocha, s.d.).
La moda es algo cultural, expresa el espíritu del tiempo porque es el
uso o costumbre en boga durante cierto momento, siendo así, el modelo la
forma ejemplar que se imita, por eso tal como lo dice Fabián:

La mayoría de gente lo que quiere es tener un tatuaje un piercing para
sólo decir no estoy afuera, estoy ahí

Moda es lo que más se repite, porque es un mecanismo regulador de
elecciones, realizadas en función de unos criterios de gusto. Moda sería lo
actual o lo que está en vigor e interesa a una mayoría en un momento
determinado. Aplicada a la indumentaria es aquel atuendo, estilo, prenda,
color o complemento, que se lleva por parte del grupo socialmente más
importante o hegemónico capaz de influir en los demás (s.d. En:
http://es.wikipedia.org/wiki/Moda).
Sin embargo, muchos creen que no podemos hablar de tatuajes por moda,
porque por definición los tatuajes duran para toda la vida y la moda no
porque cambia continuamente con el tiempo. Por eso, muchos creen que
hablar de tatuaje y moda es una paradoja: ya que el tatuaje perdura y la
moda no dura. Sin embargo, hay modas que duran 100 años, entonces
¿hasta dónde la moda es efímera?

Diego: Me gustan los tatuajes que no se vean mucho, que sean poco
comerciales, más personales

Albana: Hay gente que se viene el verano y se quiere tatuar ya porque
quiere tener el tatuaje en el hombro, para mí ese tatuaje es vacío, se
lo hacen porque lo vieron en la tele o en las revistas. Cuando sea vieja
no me voy a arrepentir porque me voy a acordar de una etapa de mi
vida, me tatúo lo que me gusta, lo que signifique para mí una pasión, yo me
tatúo por intereses personales, no por moda como los demás.

Pablo: Hay gente que sólo lo que quiere es estar tatuado, igual es
valedero, hay veces que me pierdo de hacer tatuajes porque sé que cuando
salga de acá, es un arrepentimiento seguro, me siento un poco responsable
de eso y pierdo plata por eso a veces (…), son pocas las oportunidades
en que puedo elaborar un diseño bien hecho, donde previo a una charla,
diseñamos con el cliente lo que quiere y eso… pero son casos
excepcionales o en una convención

Ernesto: Yo lo pienso más artísticamente al tatuaje, para mí,
representa partes de mi vida, topes que represento en la piel, no quedarme con
el tatuajecito chiquitito, me gusta un brazo entero, una espalda entera
con un concepto, no necesariamente para que sea artístico tiene que ser
grande, pero tatuajes re ínfimos, onda jugarte loco: hay que abarcar
realmente el cuerpo, hay que jugarse a más, claro hay un tema monetario
y el qué dirán. Lo que para mí no es artístico es ponerte una pequeña
letra porque es insulso, me gusta ver tatuajes abarcativos, enormes,
conceptuales, esto es mi gusto personal, lo que me gusta a mí, todo bien
con quien se hace tatuajes chiquitos, pero yo prefiero llevarlo a algo
más, más compromiso, estoy cansado de las pibas ponele y los locos
también con tatuajes futbolísticos, me embolan, y en las pibas me embola
que se pongan un nombrecito, un delfincito, un tribalcito, todo bien…
pero a mí me embolan, no es que critique pero opino

Debemos aclarar, que el hacerse un tatuaje de tipo “artístico” no
equivale a darle a éste un significado profundo y/o trascendental, ya que
hay poseedores de éstos, que nos cuentan que ellos se los hacen con un
fin estético, por ejemplo Emiliano nos cuenta:

Yo me tatúo por lo estético y me parece que todo el mundo también, lo
que pasa, es que muchas veces, la gente le da un toque que no tiene, le
buscan una razón más allá de lo estético, dicen que se tatuaron tal
cosa por que se murió tal…y en realidad se tatuaron porque tenían ganas de
tatuarse y nada más. Yo creo que la gente no se anima a decir que se
tatúa por estética, por miedo a quedar como frívolos, pero yo, no lo veo
así. Pero, aunque yo me tatúo por lo estético, creo que la gente tiene
que conocer qué es lo que se tatúa, por ejemplo, si yo me tatúo una
flor de Nueva Zelanda porque me gusta está bien, pero, a pesar de que
para mí no tenga un significado más profundo que eso, debería al menos,
saber qué es esa flor o qué significa para esa cultura, nada más, sólo al
menos saber.

Menia: yo me tatúo por lo estético, porque me encantan como quedan si
están bien hechos, yo me adorno el cuerpo y ta, el fin es estético, pero
tampoco me hago cualquier cosa, tomo en cuenta lo que simbolizan las
cosas, por ejemplo: me quería hacer un tatuaje clásico pero lo clásico
son siempre calaveras y dagas atravesando calaveras y cosas así, y me
hubiera gustado hacerme eso pero me parece que simbolizan algo feo y
tampoco voy a hacerme algo por estética que represente algo que no me
guste, tengo en cuenta el concepto

Estos son dos ejemplos de perforadores que trabajan en las tiendas y
locales, quienes a pesar de que se tatúan por estética tienden a conocer
el significado de lo que se están haciendo.

El tema del tamaño se relaciona mucho con los tatuajes “artísticos”,
aunque esto no quiere decir que para que sea “artístico” tenga que ser
grande; pero, son casos excepcionales aquellos en los que los tatuajes
pequeños llegan a ser “artísticos” o por lo menos en las manifestaciones
que hoy tienen en el Uruguay (de los que hay un gran estereotipo). Así
es que, cuando el tatuaje es más grande, tiene de alguna manera “más
chance” de ser “artístico”, pero no necesariamente; tal como nos lo decía
Leonardo:

Estos tatuajes (los artísticos) se relacionan con el tamaño, que es
directamente proporcional a la calidad del diseño, porque, cuanto más
grande, más detalles podés hacer, pero, no es que sólo los grandes puedan
expresar eso, lo que pasa, es que en general, los tatuajes grandes
comprometen un poco más, nadie por ejemplo, se va a hacer una letra china en
toda la espalda.

El tatuaje, sin duda, es una práctica dolorosa, como consecuencia de la
penetración de tinta en la piel y parece ser que los poseedores de
tatuajes “artísticos”, coinciden en gran medida, en la forma de concebir
al dolor, como parte inevitable de este proceso. Hoy, sin embargo, en
algunas tiendas, se ofrece la opción de evitar el dolor por medio de la
aplicación de anestesia suministrada por un médico contratado
especialmente para la ocasión; pero más allá de que exista esta posibilidad, ésta
es una opción que solo una pequeña minoría parece utilizar.
Es que, de hecho, tal como lo señala Le Breton (2002), al tolerancia la
dolor está ligada al tejido socio-cultural, ya que el dolor, no es un
hecho producto de la respuesta de un nervio, sino el resultado del
conflicto ente un estímulo y el individuo.
A través de los entrevistados, pudimos notar que la gran mayoría,
concibe al dolor de alguna manera como un mal necesario, o como un medio
para un fin, ya que a pesar de que la mayoría cree que un tatuaje sin
dolor no tiene gracia, no es porque les guste en sí sentir el dolor, sino
que es una instancia por la que se tiene que pasar.

Ernesto: Me embola loco, esa gente que me dice: ‘pá, loco me lo hago
porque necesito sentir el dolor’, pá, me embola esa gente, me embola,
onda, si vos me decís mirá yo te voy a hacer un tatuaje hoy pero no te va
a doler, yo me lo hago, pero no me tomaría nada para eso, así que no me
pondría anestesia, no me agrada el dolor pero es así

El dolor físico es una puerta de acceso al autoconocimiento, porque no
hay nada más cerca de uno, más importante y más querible que el propio
cuerpo (Liscano en Rev. Nosotros, 2004). Desde la psicología, esto
puede ser visto como una acción en contra de uno mismo o autoagresión
producida por una falla en la construcción del yo, que en este caso, trae
como consecuencia la mutilación corporal, provocada por una patología o
trastorno psicológico de la personalidad, correspondiente al desorden
del anormal. (Rev. Nosotros, 2004).

Sin embargo, aquí concebimos al dolor como un modo, tal vez, de
concientizarse de lo que uno está haciendo, pues involucra una decisión para
toda la vida. Es una forma de vivir el proceso y el momento en el que
uno se da cuenta de que la tinta está entrando en el cuerpo, es un modo
de presenciar ese momento: no se trata de pegar figuritas que queden
para toda la vida, sino, de sellar y estampar diseños que perdurarán en la
piel.

Albana: No me pondría anestesia porque no sé… no da, pierde la gracia,
tampoco es que me tatué porque me encanta el dolor, pero parte del
tatuaje, es también dar un pequeño sacrificio que uno hace por tenerlo, no
tengo bien las palabras para decirlo, pero es más o menos eso, tenés
que ganártelo, hay zonas que duelen más hay zonas que duelen menos, pero
siempre duele, más después de las 4 o 5 horas donde todo el rato te
duele, te duele, te duele, te duele más, te duele, duele zarpado ja, ja,
al que le guste no sé… aguántate

Pablo: no me pondría anestesia, además el dolor es relativo para cada
persona

Leonardo: A medida que te lo vas haciendo se va haciendo cada vez más
tuyo, el desarrollo está re bueno, ir a las sesiones y eso, imaginate
que te pongan anestesia general y te hagan el diseño que vos querías, no
está bueno, tenés que estar en el proceso, el desarrollo está re bueno,
es si no como que te quitaron algo, no sé, es importante, y eso no se
aplica en la letra china y esas cosas no se mencionan con esa persona
que está en un escalón más abajo

Sin embargo, hay otros que rompieron de alguna manera con el discurso
esperado, nos referimos a gente que trabaja en las tiendas de tatuajes
(pero no como tatuadores), quienes forman la excepción a esto que
venimos comentando:

Mónica: Para mí el dolor está salado, yo ahora después de todos los
tatuajes que tengo me pondría anestesia si fuera fácil de colocar, estoy
podrida de los dolores, antes, en los primeros tatuajes no, hoy sólo
quiero un tatuaje, sólo quiero el fin, si viene un extraterrestre y me lo
hace lo prefiero jaja (…) yo no lo llamaría al tatuaje moda, porque es
algo que siempre existió, para mí no importa si todo el mundo se hace
algo, yo igual si me lo quiero hacer me lo hago

Ignacio: si querés tatuarte tenés que pasar por el dolor, si te gusta
te lo tenés que bancar, estaría bueno poner anestesia, pero si no sos
médico no podés, yo lo preferiría, porque a mí los tatuajes me dolieron
mucho, yo no soy muy aguantador

Otra cosa que suele caracterizar al tatuaje de índole “artístico” y que
lo diferencia del tatuaje “comercial”, es el tema de la elección de
con quién se van a tatuar. En cuanto a eso, hemos observado que para los
primeros, ésta no es una decisión fácil de tomar, involucra toda una
investigación en función del tipo de diseño que se quieran hacer, en
relación con la especialidad o el “punto fuerte” de cada tatuador en
particular. Otras muchas veces, no toman la decisión de con quién hacerlo en
función de eso, sino por lazos de afinidad o amistad. También existe la
fidelidad a un determinado artista y por eso todo tatuaje que se hagan
se lo harán con el mismo que le hizo los demás.
Mientras que por otro lado, los interesados en tatuajes “comerciales”,
toman esta decisión más a la ligera. No hacen todo un recorrido por las
tiendas para conocer cómo trabajan los distintos tatuadores y en
función de eso elegir con quién se lo harán, sino que, en estos casos,
cuando éstos realizan un recorrido por cada local, suele ser para averiguar
precios y buscar el más barato, más que para buscar higiene y calidad.
Es muy representativo el hecho de que, a lo largo del trabajo de campo
en nuestras visitas a cada local, presenciamos justamente ésto que
algunos tatuadores nos quieren manifestar; por ejemplo, en un momento dado,
en una de las tiendas, entró un cliente diciendo que se quería tatuar.
Muy amablemente el tatuador le preguntó:
- ¿Qué te querés hacer?
- No, sé no se, no vi nada
El tatuador, ofreciendo catálogos y revistas, y para saber qué tipo
ofrecerle, preguntó:
- ¿Qué es, más o menos, lo que te querés hacer?
- No sé, algo en el brazo
- ¿Hasta dónde te lo querés hacer?
- hasta $450.
Mientras que, obviamente lo que el tatuador le preguntaba, era haciendo
referencia al tamaño, y después por ello me decía:

Pablo: ojalá que la gente se empiece a educar un poco más en cuanto a
esto y que, en vez de salir a buscar precios, salgan a buscar más
calidad

A la hora de tatuarse, el precio no debería ser lo que determine la
elección del tatuaje. Todos los tatuadores recomiendan en este sentido,
que si se quieren hacer algo y no alcanza la plata, lo mejor que se puede
hacer es esperar, ahorrar y después hacerse eso que se quería, sin
limitarse con algo que con el paso del tiempo será secundario, pero que
habrá limitado el tatuaje que por siempre se llevará.

 

 

 

 

7. EXISTE MÁS TATUAJE “COMETRCIAL” QUE “ARTÍSTICO”, ¿POR QUÉ?
Hoy, la mayoría de los tatuadores parece estar de acuerdo en que en su
público predomina el tatuaje que, en base a lo que venimos definiendo,
llamaríamos “comercial”; de hecho, Gonzalo nos cuenta lo siguiente:
Hoy en día estoy tatuando la misma mierda de siempre, lo de siempre
pedorreadas, cositas chiquitas; boludeces pequeñas, diseños repetidos…nada
bueno en general (Gonzalo)
Y a decir verdad, no es difícil darse cuenta cuál es la realidad que
predomina en cada local. A nivel general, si uno se queda en las tiendas
de tatuajes por una tarde, o por un rato, es fácil ver cuáles son las
demandas del público que, cotidianamente, no van más allá de pequeños
diseños, donde predominan ampliamente las letras chinas y pequeños
tribales, diseños que caracterizan plenamente lo que definimos hasta ahora
como tatuaje “comercial”.…
Julio (tatuador): Hoy el tatuaje es pura moda por más que no me guste
es así
Emiliano, por ejemplo, nos contaba que para él, si hay que hablar de
porcentajes, se anima a decir que sólo el 2% del tatuaje en Uruguay es
“artístico”, todo el resto (es decir el 98%) sería “comercial”; para él,
para que un tatuaje pueda ser asociado al arte, debe ser totalmente
innovador, debe involucrar creación, y desde su perspectiva, hay pocos
tatuajes en nuestro país que cumplan con esas características.
. Sin embargo, no debemos pensar que en
todas las tiendas la situación es exactamente igual, de hecho Leonardo
perece mostrarse como una excepción:
Yo creo que la gente hoy por hoy pide cosas más interesantes, tal vez
sea porque nosotros tenemos miles de diseños estándar en los catálogos
que no se tocan hace un montón, es que nosotros, nos venimos del centro
para trabajar diferente, quisimos trabajar de otra manera, pero no sé
si es un cambio que se está dando a nivel general, pero me siento
privilegiado (…) .El tatuaje está creciendo, lento pero creciendo, en mi caso
me estoy sintiendo más realizado como artista, porque la gente está
siendo más exigente en los diseños, hace varios años que no viene nadie y
me dice ‘me quiero tatuar ya por favor’ y eso pasaba mucho , que no
saben ni qué se quieren tatuar pero se quieren tatuar ya; hace un tiempo,
vino uno diciéndome: ‘me quiero tatuar ya así no más te lo digo’, y yo
le dije: ‘yo no hago tatuajes así no más’. Esas cosas yo las dejé de
ver, porque yo no lo hago, porque yo exhorto a eso, exhorto a que se
piense un poco más y a que le den al tatuaje el valor que debe tener, o el
que tiene para mí.
Este hecho de que predomine ampliamente el tatuaje “comercial” por
sobre el “artístico”, hace que muchos tatuadores sientan que su habilidad y
destreza para crear, esté, a nivel general, poco estimulada.
.
. Muchos de los tatuadores con los que hemos entrado en
contacto, parecen ser verdaderos expertos en cuanto a tatuajes se trata:
saben dibujar, saben crear diseños en base a lo que uno quiere
representar, muchos tienen conocimientos de arte, de cómo concebir un diseño
en el cuerpo, de cómo conviene ponerlo en función de los movimientos de
la piel, etc., etc. Sin embargo, éstos conocimientos en cuanto a cómo
trabajar, son día a día dejados de lado, para activar al tatuador que
calca diseños que los clientes eligen rápidamente en sus catálogos, como
si se tratase de pegar pequeños pegotines con la particularidad de que
durarán mucho más.
Damián: La mayoría de la gente se basa en lo estético y ve en los
medios qué es lo que se quiere hacer, es una ola que se vino y el que tiene,
tiene y me lo tengo que hacer, yo veo al tatuaje más artístico y que
se pueden hacer mejores cosas, además, hacerse un buen tatuaje, lleva
mucho tiempo, la gente viene se quiere tatuar ya, y si vos no podés, se
van a cualquier otro lugar, sin importarles la higiene por ejemplo

Albana: a nivel popular se ven sólo cosas chicas, la mayoría de los
tatuajes no me gustan porque te das cuenta que son cosas de catálogo,
jamás me haría un tatuaje de esa forma, tienen falta de personalidad, yo
para hacerme un tatuaje me tengo que sentir identificada.

Martín: los tatuados son unos pichis que nunca quieren pagar tatuajes y
hacen que el tatuaje no avance en Uruguay, porque no quieren pagar
nada
Pero, ¿por qué se da esta realidad? ¿Por qué, si los tatuadores son tan
capaces de hacer diseños complejos, elaborados y personalizados, la
gente viene a hacerse lo mismo que le pudiese hacer un tatuador sin
experiencia? Y ante esto, ¿cómo se sienten los tatuadores al enfrentarse día
a día frente a esta situación? ¿Será como pedirle al mejor chef que
nos prepare simplemente un arroz? Es un ejemplo tonto, pero, que muestra
lo absurdo de esta realidad… la que lleva, en general, a que los
artistas no puedan expresar ni plasmar su capacidad, su habilidad. Razón por
la cual muchos tatuadores utilizan las convenciones para hacer, tal
como nos dicen, “buenos laburos”, cosas que generalmente no se presentan
en el local. Lo cual hace, así mismo, que no los puedan cobrar, o que
los hagan más baratos por la sola satisfacción de haberlos llevado a
cabo, o como muchos decían “por amor al arte”.
Sin embargo, más allá de todo lo que venimos diciendo hasta el
momento, no debemos “caer en la desgracia” de pensar que todo tatuaje
“comercial” cae en tanta banalidad; de hecho, muchas veces nuestros esquemas se
rompen al encontrar en las tiendas, demandantes de lo que llamaríamos
hasta el momento tatuajes de tipo “comercial” pero que están cargados
de significados, que tienen sentimiento y emociones pero que no muestran
creatividad, ni muchos menos exclusividad. Es por eso que no los
podríamos considerar “artísticos”, más allá del significado que tengan por
detrás.
. . .
. A modo de ejemplo, podemos relatar lo que se vio en una de
las tiendas en la que estábamos una tarde haciendo trabajo de campo.
Una familia se fue a tatuar: se trataba de un padre y su hijo. Ambos se
hicieron el mismo dibujo en el omóplato, una iguana de aproximadamente
5cm., con un diseño muy simple. Al hablar con el padre, parecía estar
muy contento y emocionado por hacerse lo mismo que su hijo, significaba
mucho para ambos, ya que, según nos contaban, se llevaban muy bien y
por eso lo hicieron; tatuaje que habían elegido en el momento tras hojear
un catálogo.
El por qué de esta situación es un tema muy complejo y nada sencillo de
explicar; uno de los informantes nos decía que, tal vez, sea porque la
gente no está dispuesta a “jugársela”. Hacerse un tatuaje grande,
personalizado, es arriesgarse mucho más, primero por la repercusión que
éste puede tener en la sociedad: lo que está más a la moda y lo que la
mayoría se hace es algo que seguro va a gustar. Hacerse un tatuaje
“artístico”, involucra de alguna manera, una decisión más importante y una
dedicación que va mucho más allá. A la gente, además, le da miedo tomar
grandes decisiones para toda la vida, que duren para siempre. Es muy
gráfico lo que uno de los informantes nos decía frente a la típica
pregunta, que todos hacen cuando contás que te hiciste un tatuaje, o que te vas
a tatuar, en cuanto al posible futuro arrepentimiento. Frente a esto
nos decía:
La gente tiene hijos y no lo piensa muchas veces dos veces, y eso es
para toda la vida y es más importante aún, y no sale todo el mundo a
decirte ah te vas a arrepentir y qué sé yo, eso es más importante y ahí no
te dicen nada…
Sin embargo, más allá de la realidad que aquí estamos reflejando, hay
tatuadores que creen que este tipo de tatuajes, que abundan hoy en
Uruguay, no está nada mal. Nelson, por ejemplo, nos cuenta que:

Al tatuaje en el Uruguay lo veo hermoso, sí hay propuestas que me
gustan más, los grandes por ejemplo, pero yo, en todos los tatuajes puedo
expresar arte, porque aunque calques y lo hagas, siempre tienen tu toque
personal

Gente como Israel, que define al tatuaje como su trabajo, no tiene
problema en que hoy el tatuaje sea más que nada “comercial”:

Yo al tatuaje hoy lo miro desde el negocio, porque yo vivo de eso, es
mi trabajo, pero eso del arte y todo eso, me parece medio boludez, para
mí, es un trabajo, no creo que seas flor de artista porque seas
tatuador, una letra china no es arte es un tatuaje

Además, frente a eso, cabe destacar que la mayoría de los tatuadores
te dicen que lo que más les da plata es ese tipo de tatuajes, que hacen
rápidamente y que no les complican la cabeza; es así que, desde el
punto de vista del negocio, esta realidad tiene algo que aportar.
Ante todo este análisis, hay quienes creen que no debemos juzgar a
aquellos que optan por el tatuaje de tipo “comercial”, ya que se trata
de gustos, y como dice el dicho, “sobre gustos no hay nada escrito”,
por eso Menia nos dice:

Yo no creo que haya que discriminar al que se hace lo que se hace todo
el mundo, es un gusto, no es mejor ni peor que otro.

Es que, justamente, estamos de acuerdo con esto de que no se trata de
criticar, ni mucho menos de discriminar, sino que simplemente, se trata
de opiniones y percepciones de aquellos que están insertos e inmersos
en el mundo del tatuaje y que visión tienen, de éste en el Montevideo
actual.

8. TATUADORES TATUADOS

A través de todo el trabajo de campo, en cuanto a los tatuadores
uruguayos, hay principalmente dos cosas que a primera vista llaman la
atención: no existen tatuadoras, es decir, mujeres que realicen tatuajes (al
menos a nivel comercial, ya que la presencia de éstas en los locales
suele ser para perforar) y el otro punto a destacar, es que no existen
tatuadores sin tatuajes. Es sobre éste punto que nos detendremos en este
capítulo; tal como nos lo comentaba uno de los sujetos pesquisados:
Guzmán: No existen tatuadores no tatuados en el mundo, porque por algo
arrancas con eso, es generalmente porque te gusta, no es un rubro que
la gente elija estando deslindado del tema, es más, estaría buenísimo
conocer un tatuador sin tatuajes sería rarísimo, sería increíble (risas).

En cuanto al tema de los tatuadores tatuados, algo resulta muy
“histórico”, por llamarlo de alguna manera: los tatuadores llevan en sus
cuerpos la historia del tatuaje en el Uruguay.
. . . .
. . . Recordemos que los tatuadores que
existen hoy en día en Uruguay corresponden a la primera generación. Esto
hace que ellos, en sus cuerpos, tengan registrada, de forma perenne,
tinta de tatuajes que se realizaron de pequeños, en aquellos lejanos
momentos en que se comenzaron a contactar con este mundo.
. Como consecuencia, podríamos decir
que estos sujetos fueron “conejillos de indias”: en sus cuerpos podemos
observar tatuajes pertenecientes a la época del inicio del tatuaje en
nuestro país. Por ello suelen ser en su mayoría, “caseros”; con esto nos
referimos a que fueron ejecutados (y en un gran porcentaje
autoejecutados) con máquinas que ellos mismos elaboraban, a través de un
motorcito, tinta china y un par de agujas de coser.
. .
. Esto no significa que estos tatuadores tengan en todo el cuerpo
tatuajes de esta índole; sino más bien, lo que estamos tratando de
decir, es que los tatuadores actuales (en su gran mayoría) se hicieron su
primer o sus primeros tatuajes a través de este método. Muchos de ellos
han optado hoy por cubrirlos, ocultarlos y taparlos con otro tatuaje
por encima, técnica conocida como “cover up”; sin embargo otros han
preferido conservarlos, dado que, por más que en cuanto a lo estético ya no
les gusten, tienen tanto significado, están cargados de tantos
recuerdos, tienen tanta memoria que los prefieren conservar.
. .
. . En cuanto a esto, algunas cuestiones
resultan ser un tanto cómicas, ya que estos tatuajes caseros, a los que
nos referimos que tienen los tatuadores, se los realizaron
aproximadamente a los 15 años, edad en que el cuerpo no se ha terminado de
desarrollar. Como consecuencia, los tatuajes practicados en ese entonces se
han modificado a la par de lo que se modifica el cuerpo, hasta culminar
su proceso de crecimiento a los 21 años. En un caso encontramos un
tatuador quien, con una sonrisa, nos decía en uno de los encuentros que
tuvimos:
Leonardo: todos tenemos algo que tapar, todos tapamos alguna cosa,
existe también entre nosotros, entre algunos artistas y amigos que saben
un poco, el hablar sobre ellos, cada uno tiene un tatuaje o tuvo una
cosa que es hasta graciosa, viste, que se lo identifica y se lo conoce y
hay gente que casi no se lo quiere sacar por ese efecto, yo por
ejemplo, tengo éste, que es un diseño hecho a mano, que lo hice en la muñeca
cuando tenía 14 o 15 años, se corrió pila, porque la piel, al crecer, si
te hiciste un tatuaje de muy chico, se mueve, tengo algunas cosas más
y otros que tapé, pero éste es el que vos decís ta! no me lo puedo
sacar, ya que el tatuaje va más allá, siempre va más allá
El tema de este tatuaje del que nos habla Leonardo, es que hoy en día,
en vez de estar en la muñeca (zona del cuerpo en la que originalmente
se lo hizo), está aproximadamente 10 cm. por arriba de ella. Vemos
también, a través de lo que nos contaba, que entre amigos tatuadores o
tatuados que empezaron a tatuarse por aquellos tiempos, hablar de sus
tatuajes caseros es un tema de risas, es una forma de añorar/recordar viejos
momentos.
. . O, como nos contaba otro
de los tatuadores:
Gustavo: yo no tengo buenos tatuajes porque pertenezco a la vieja
escuela, soy de los primeros (como el resto de los tatuadores) que se empezó
a tatuar y bueno…
Pero, en realidad, no pasó mucho tiempo hasta que los principiantes
tatuadores, de hace entre 20 y 15 años, abandonaran estas máquinas
autoelaboradas, para comprarse las profesionales, con tinta para tatuar.
Comenzaron así a mejorar la calidad de sus trabajos y las condiciones
higiénicas de cómo se deben realizar. . . . Hoy, tienen
tatuajes que sí les gustan desde un punto de vista técnico, porque
se han seguido tatuando. Así es que en sus cuerpos, quedó registrada la
historia del tatuaje en Uruguay: desde los tatuajes caseros, luego los
primeros hechos de una forma más profesional, hasta los que se realizan
hoy en día, con las técnicas más avanzadas y con tatuadores
reconocidos, algunos incluso a nivel internacional. Todo un proceso que se puede
observar en la piel de estos pioneros del tatuaje en Uruguay.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

9. TATUADORES COMO ARTISTAS; LA PIEL ¿UN LIENZO COMPLICADO?
A lo largo de todos los encuentros que tuvimos con los tatuadores, hubo
una pregunta recurrente: si se consideraban artistas. Todos nos
dijeron que “sí”. Estamos, de esta manera, ante artistas que trabajan y
plasman sus ideas sobre el cuerpo de los demás. Ahora bien, ¿estamos frente
a un arte peculiar por tener la particularidad de trabajar sobre la
piel de la gente? Muchos, frente a esto, nos dirán que, de hecho, éste no
es el único arte que trabaja sobre el cuerpo humano. El body art, se
expresa por medio de diferentes técnicas como podría ser el body paint,
el maquillaje y/o el peinado (para quienes los conciben como expresiones
artísticas); pero, sin duda, éstos y otros ejemplos, no tienen
carácter permanente sobre el cuerpo y por ende los “modelos” dejarán en muchos
casos, que el artista se exprese con total libertad, ya que, después
de eso, se puede “dar un paso atrás”, ya sea sacándose la pintura, el
maquillaje, el peinado, etc. …………………………………………………………………………… Sin
embargo, cuando de tatuajes se trata: no existe caducidad. Su carácter
perenne no se puede desprender de quien lo lleve “puesto”, porque es una
marca imborrable, una decisión de por vida y por tanto, no siempre
fácil de tomar. . Esta trascendentalidad del tatuaje
como obra de arte, hace que a menudo no sea tarea sencilla que el
artista-tatuador trabaje sobre el lienzo en donde plasma sus ideas, porque
se trata sin más ni menos, que del cuerpo de otro, en el que dicha obra
estará por siempre.
Entonces, los tatuadores como artistas, ¿trabajan con un lienzo
complicado?. Sin duda; aquí los artistas deben de algún modo “mediar” su arte
con aquel que lo va a llevar. Pero ¿cómo se logra esto? Los mecanismos
de trabajo en este sentido, varían tanto, como cantidad de tatuadores
existan.
. . Pero para ir avanzando en el tema, nos es útil
comentar una charla que tuvimos con personas tatuadas. En una tarde (en la
que hablábamos justamente sobre tatuajes), nos comentaban de un
tatuador en particular que solía molestarse muchas veces con quienes iban a
tatuarse a su local (vale aclarar que para este capítulo estaríamos
dejando de lado lo que consideramos tatuaje “comercial” y sólo nos
referiremos a los tatuados que portan tatuajes “artísticos”). Según ellos, él
tiene una concepción tan artística en su cabeza, que siente de alguna
manera, que cuando alguien va a tatuarse lo limita.
. Primero lo limitan al decirle en qué
lugar del cuerpo se quieren tatuar; segundo lo limitan con
características puntuales, ya que no van y le piden “quiero un diseño de tal
motivo…”, sino que además, tienen el “atrevimiento” de decirle cómo quiere
que sea, “que quiero que tenga tal cosa y no tal otra”; cuando en
realidad, es muy probable que no sepan nada de arte, ni de cómo plasmar
tatuajes en la piel. Entonces, desde esta perspectiva, dicen cosas que le
molestan, que entorpecen sus ideas, creatividad e imaginación. Tercero,
está el tema del dolor: cuando tatúa diseños grandes, la gente después
de varias horas, le pide para parar, pero si él está inspirado con el
diseño, lo peor que le puede pasar es que lo corten.
Hablando de su concepción artística, merece la pena destacar lo que
este tatuador nos contaba (diciendo: “esto lo tienen que poner en el
trabajo”) acerca del procedimiento para comenzar a tatuar un diseño grande,
en el que se tiene que involucrar: necesita ambientar el espacio físico
con música (que preferentemente se relacione con el tema que va a
tatuar), así como inciensos, elementos que lo ayuden a relajarse y a
mimetizarse de alguna manera con el tatuaje que debe realizar. Asimismo, cabe
consignar que estábamos en el estudio que él se había armado en su
casa, para, según nos decía, hacer buenos tatuajes, grandes, con gente de
confianza y trabajar más cómodos que en el local.

. De hecho, a lo
largo de la realización del tatuaje (que comentábamos en el segundo
capítulo) practicado como observación participante, que fue realizado
justamente por éste tatuador, uno se sentía realmente como un cuadro al que
pintaban. Nos encontrábamos en el estudio que él se había hecho en su
casa. Era un verdadero atelier: un lugar cómodo, práctico (y por ende
no estrictamente ordenado), iluminado, lleno de cuadros pintados por él
mismo donde diseña los tatuajes que en un futuro le gustaría realizar;
incluso podemos acotar que durante el tatuaje en un momento, en broma,
le dije “cuidado, es mi piel” y él me respondió “para mí es una tela”.
Con respecto a las limitaciones, que anteriormente mencionamos, luego
de realizado el tatuaje me di cuenta de que lo había limitado. Mi idea
en principio, era hacerme un tatuaje a colores sobre los Masai (grupo de
África Oriental), él me recomendó que en esta oportunidad, dejara los
colores a un lado y que lo haga en negro con sombras y un poco de rojo.
Arreglamos que sí me lo haría en tonos grises pero sin rojo, cosa que
hasta el día de hoy (en la que ya entablamos una buena relación) me
sigue de alguna manera “reprochando”. Es así que en una segunda instancia,
en que volví a realizarme un tatuaje con él, decidí darle mayor
libertad, darle la idea de lo que me quería hacer, pero sin decir nada más.

. No es que uno por ello se deba “entregar” al
tatuador para que haga lo que quiera, sino que en base a la confianza que ya
me había inspirado (en parte por el tatuaje anterior) decidí que podía
dejarlo con un poco más de libertad para crear.




Pero en realidad, uno se pregunta hasta qué punto el tatuador como
artista trabaja sobre un lienzo complicado (por tener que mediar con quien
se va a tatuar).En el mundo que vivimos hoy, la gran mayoría de las
obras de arte generalmente se venden, es así que muchos artistas deben
hacer sus obras de tal modo que sean “vendibles”, es un arte que se somete
a las leyes de mercado. Por ello tal vez, a veces deben hacer cosas
que a los demás les gusten para poder venderlas y a través de ello
subsistir. . Ahora bien,
¿todos los artistas que buscan vender su arte deben sacrificar cosas
del mismo en función de la venta? Ya que, así como el que se tatúa le
gusta o quiere determinadas cosas que “entorpecen” el arte del tatuador,
el que compra un cuadro por ejemplo, busca también algo que le guste o
quiera y ahí el pintor tendría el mismo “entorpecedor” que el
tatuador. Es así que, desde este punto de vista, el tatuado es un obstáculo que
se le presenta al artista y que éste debe superar.
. . Frente a esto, los tatuados lo único
que deben hacer es reflexionar, en el sentido de que si se van a hacer un
tatuaje “artístico”, deberían dejarle al tatuador el margen más amplio
posible de libertad, para que pueda explayarse y en base a su
experiencia, ver qué nos puede llegar a recomendar. Con esto no estamos
diciendo que debemos entregarnos al tatuador con ojos cerrados, todos sabemos
que se trata de algo que uno llevará consigo para toda la vida, eso
sería demasiado pedir. Pero lo que sí se puede hacer, es tratar de
concebir al tatuador como un artista experto en el tema y por ende debemos
dejarlo que trabaje con mayor libertad.
Más allá de que todo lo que acabamos de expresar tiene un gran reflejo
en la realidad y en la concepción de los artistas-tatuadores sobre los
tatuados, no debemos ser tan extremos. No siempre el tatuador ve tan
negativamente al tatuado, muchas veces éstos, les dan la libertad que
aquellos necesitan. Cuando los tatuados gustan de los trabajos de un
tatuador, se dan casos en los que les piden que les hagan lo que quieran
(incluso free hand sin dar ningún tema ni indicación); pero también,
muchas otras veces los tatuadores, cuentan que esta particularidad de este
arte les agrada, porque tienen que charlar con la gente, escuchar sus
ideas y ver en base a eso qué pueden hacer. Por ejemplo Leonardo nos dice
al respecto:
No es negativo porque inclusive, el proceso de mediar con una persona
está bueno, el que sabe es el artista, en cuanto a los diseños y eso, el
tatuado puede tener conocimientos o estar muy seguro de lo que quiere,
pero esa mediación, esa negociación que puede llegar a haber, es
interesante, porque, no sólo estás interactuando con un diseño, sino con esa
persona, siempre que se trate de un diseño que lo permita, que tenga
un proceso de creación, un desarrollo, un diseño que cueste y sobre el
que se tenga que investigar y eso, con una letra china, esto no pasa por
ejemplo. A mí, me gusta mucho por ejemplo trabajar en base a un
concepto de diseño, en base a frases, que es diseñar desde nada, una frase,
un concepto de vida, que con un poco de libertad saco un diseño que va a
estar de más.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

10. TATUAJE, ¿UNA NUEVA FORMA DE PRAGMÁTICA?

“Escribimos sobre el cuerpo y el tiempo nos marca indeleblemente,
haciendo de nuestra piel el pergamino en el que se resume nuestra vida. Es
una escritura cargada de memoria, absolutamente simbólica y que sólo se
descifra desde la primera persona, monólogos que conforman un sólo
libro que es nuestra biografía. Sobre la piel escribimos incesante y
repetidamente: sí, he vivido. Cada arruga, cada marca, cada cicatriz, es el
resumen de un momento, de una relación, del placer y del dolor que se
centran primero y especialmente sobre la pura superficie de nosotros
mismos, sobre nuestra piel. Las cicatrices de un accidente quedan en la
memoria, pero quedan también sobre la piel; las marcas de las operaciones;
el dolor y las tensiones que se traducen en arrugas… es la vida la que
va escribiendo sobre nosotros y nosotros solamente vamos interpretando
el único papel de vivir” (Olivares, Rosa).

Cuando éramos pequeños, nos escribíamos sobre el dorso de las manos los
teléfonos de los amigos, los recados, para que no se nos olvidaran.
Escribíamos sobre los pupitres, sobre las cortezas de los árboles y, por
supuesto, sobre la piel de nuestros brazos, los nombres de los más
queridos, de los más deseados. Escribíamos con tinta. El tiempo, el agua y
jabón, borraban las huellas, convirtiendo en manchas borrosas las
obsesiones que parecieron eternas. Pero, en esos momentos, la piel, nuestra
piel, se convertía en el libro de nuestras necesidades, en un diario
frágil y perecedero (Olivares, Rosa, s.d.).
La Pragmática, es un subcampo de la lingüística, también estudiado por
la filosofía del lenguaje, que se refiere al estudio del modo en que el
contexto influye en la interpretación del significado. El contexto,
debe entenderse como situación, ya que puede incluir cualquier aspecto
extralingüístico. La Pragmática, toma en consideración los factores
extralingüísticos que determinan el uso del lenguaje, esto es, todos
aquellos factores a los que no se hace referencia en un estudio puramente
gramatical (s.d. En: http://es.wikipedia.org/wiki/Pragm%C3%A1tica).
El cuerpo puede, entonces, ser visto como un texto cultural que
simboliza. Los cuerpos hablan y son hablados, expresan características de sus
portadores más allá de su voluntad. “El cuerpo, entonces, funciona como
un lenguaje que no puede no comunicar” (Urresti, 1999:72), así, la
experiencia cotidiana se da en base al valor simbólico diferencial de los
distintos atributos corporales.
El cuerpo es el soporte material en el que se manifiesta la historia de
un sujeto, es el resultado de un proceso de incorporación (Urresti,
1999), todos tenemos marcas sobre nuestro cuerpo, señales en nuestra
memoria que marcan nuestras vidas.
Los sujetos elaboran su lugar en el mundo de la vida social y se
diferencian respecto de los otros posibles; se elaboran así los anclajes a
partir de los cuales se reconocen a sí mismos, siendo el cuerpo uno de
los vehículos privilegiados para eso “el cuerpo en términos culturales es
el plano de la inscripción simbólica” (Urresti, 1999:75).
Los símbolos y diseños corporales son manifestaciones practicadas desde
el Homo Sapiens Sapiens, que junto con el arte rupestre (pinturas en
las cavernas), fueron una de las etapas del surgimiento de la escritura.
La misma, no se reduce a la trascripción de un lenguaje organizado,
sino que también, incluye todo tipo de marca o símbolo que se grabe sobre
la piel. La escritura, como forma de legitimizar la ley, también
existió en sociedades prehistóricas y/o protohistóricas, sólo que aquí, el
material donde se escribe y cristaliza la norma, suele ser el propio
cuerpo humano (Clastres, s.d.).
Decimos que el tatuaje es una forma de escritura ya que es la marca, es
el documento de identificación social de la persona, sistema de
referencia para las sociedades llamadas “analfabetas” (Menicocci, s.d.).
La marca social y cultural puede llevarse a cabo por medio de la
escritura de lo colectivo en el propio cuerpo de los individuos (Le Breton,
2002). De esta manera, “se abre el concepto de escritura, incorporando
las inscripciones corporales al mismo” (Guigou, 2005: 22) se establece
de esta manera, la relación imagen-escritura como productora de
discursos (Guigou, 2006).
Pintura, tatuajes, maquillaje…en diferentes dimensiones, con lenguajes
e idiomas diferentes, definen actitudes que se repiten en todas las
culturas y en todas las épocas, aunque sean de formas diferentes
(Olivares, Rosa, s.d.).
Los tatuajes ejercen la función simbólica del lenguaje, como lo dice
Barthes (en Menicocci, s.d.) permiten a los hombres construir ideas,
imágenes y obras, no bien sobrepasan los usos estrechamente relacionales
del lenguaje. De hecho, todo símbolo es portador de significados y, de
múltiples sentidos, emiten mensajes que deben ser interpretados (Rocha,
s.d.). Es así que los tatuajes conforman narraciones.
Es desde esta perspectiva que podemos interpretar al tatuaje como un
sistema de inscripciones corporales que expresan significados; sin
embargo, autores como Baudrillard (En: Giménez Gatto, s.d.) creen que el
mundo en que hoy vivimos, donde todo es explícitamente mostrado, donde nada
queda para la ilusión por la saturación de imágenes que representan lo
real, no tiene sentido intentar interpretar eso que ya revelan sus
sentidos ante la simple mirada sin mayor dificultad.
En función de lo que acabamos de expresar, el tatuaje entonces, no
puede ser interpretado; sin embargo, debemos pensarlo como una nueva
modalidad de lectura que nos permite la interpretación del tatuaje en la piel
desnuda de la imagen. Debemos así interpretar al tatuaje, como
inscripción de sentido en la piel de la imagen, es un fenómeno epidérmico,
cosmético y estético en los pliegues y repliegues de lo visible; esto es
según Fabián Jiménez Gatto (s.d.) la adaptación que la hermenéutica
critica debe hacer, frente a la posmoderna obscenidad de la imagen.
Entendemos así al cuerpo, como el instrumento de comunicación más
inmediato, que expresa identidad en términos muy concretos, expresa cosas y
no precisamente por medio del habla.
Decimos que el tatuaje es una forma de escritura ya que es la marca, es
el documento de identificación perfecta que coincide con la persona.
Estos signos separan al conformista del protestante, separa al signo
particular del “normal”, donde el “normal” equivale a una página en blanco
de un cuaderno (Menicocci, s.d.).

 

 

 

 

11. MOMENTOS DE REUNIÓN

Cada año, los tatuadores organizan eventos en los distintos países de
todo el mundo en donde se reúnen para “sacar a luz” sus trabajos del año
transcurrido, a modo de cumplir con distintas finalidades y así mismo,
a modo de saciar distintos intereses y necesidades, que a ellos les
surgen y que acarrean por todo un año de trabajo; nos referimos sin más
ni menos a las convenciones nacionales de tatuajes.
Éstas, se caracterizan, a nivel internacional, por ser eventos
extraordinarios, para muchos vividos como una fiesta, momentos excepcionales en
la vida del tatuaje (lo cual incluye tanto a tatuadores, tatuados y
también a la sociedad en general), ya que éste sale de su cotidianeidad.
Es una ocasión en la que este mundo deja su vida diaria y rutinaria a
un lado: del ruidito de máquinas que genera cada tienda, cada local, día
a día en su interior, para juntarse todos y hacer un ruido
ensordecedor, al comenzar todas las máquinas de un país a tatuar en conjunto, en
simultáneo, a la misma vez, en vivo y en el mismo lugar.
Estos eventos son de 3 días, en donde los tatuadores de un país (pero
también de la región) se juntan, para competir según categorías de
clasificación que premian al mejor cover up, new school, tribal, tatuaje
realista, el premio a la mejor espalda, etc. Así mismo, es una instancia
utilizada también, para realizar shows con suspensiones (cuando se
perforan distintas partes del cuerpo con “ganchos” para literalmente
colgarse a través de cadenas), dar charlas, mostrar videos, etc.

En estas convenciones, lo que se busca, son objetivos tan diversos como
gente que participa.
Por un lado, se encuentran los tatuadores, que en estas oportunidades,
lo que buscan es mostrar sus mejores trabajos realizados durante el
año, llevar un modelo con el cual trabajar en la ocasión con mayor
libertad, así como también, propagandear su local y utilizar esta instancia
como una estrategia de marketing; pero al mismo tiempo, para conocer el
trabajo de los demás, ver en qué andan los otros tatuadores, qué tipo de
cosas están realizando, en fin…ampliar y conocer el panorama de la
situación del tatuaje en su país, en su localidad, poder ver y comparase,
en función de cómo están trabajando los demás.
Siendo uno de los otros objetivos, el dar a conocer el tatuaje a nivel
general, popular, para que toda la sociedad se anime a pasar por acá, a
preguntar, a averiguar, a asesorarse, punto que es especialmente
importante para el Uruguay, país en el que este fenómeno, no ha logrado
desprenderse del estigma que tanto lo rodea, en su corta historia.

Leonardo: por el lado de la organización apuntamos a brindar un evento
que rompa con todos los cánones del tatuaje, con lo mal visto que está,
avocamos a mostrar que puede ser algo seguro, y eso en Europa no pasa,
no es lo importante mostrar la seguridad, sino la calidad de los
artistas (…) y esto cambia con las convenciones porque hacen que alguien
que nunca entraría a un estudio se acerque, son muy importantes y
necesarias

Para el caso de los tatuados, esta es una instancia de reunión sin
ninguna connotación de índole comercial, es un medio de mostrar sus
tatuajes, de ver los tatuajes de los demás, de ahondar sobre el trabajo de los
tatuadores en particular, de investigar con quién se harán el próximo
tatuaje, de conocer gente tatuada, y, en ocasiones, por qué no, momento
de participar como modelos y hacerse un tatuaje en vivo.
Mientras que para el público en general, que asiste a estos eventos y
que no tiene tatuajes, es una instancia, como decíamos anteriormente,
para que se asesoren sobre el tema, para que se animen a evacuar dudas,
en una oportunidad especial, que abre las puertas a la sociedad en
general.

Para el caso de nuestro país, las convenciones se realizan desde 1998,
año en el cual se utilizó el local del I.N.J.U. (Instituto Nacional de
la Juventud Uruguaya). Pero, al pasar el tiempo, éstas no se realizaron
ni año tras año ni en el mismo lugar: la segunda Convención Nacional
se realizó en 1999 y la tercera en el 2002 en el mismo lugar; la cuarta
se llevó a cabo en el 2004 en A.F.E. (Administración de los
Ferrocarriles del Estado) mientras que, la quinta y última se realizó en el Cine
Plaza en el año 2005.
Pero ya en el 2006, no se realizó una Convención Nacional, sino un
evento, de menor repercusión, que se dio a llamar Expo Tattoo, al cual
recurrimos para investigar qué es lo que pasaba allí:
En 18 de Julio esquina Río Negro, un viernes 8 de setiembre en la
mañana, comienza la exposición de tatuajes del Uruguay. El lugar de
encuentro fue la galería Madrileña. Ésta tiene, prácticamente en su totalidad,
locales alternativos, que apuntan a un público joven y moderno por las
cosas que se venden allí (ya sea en cuanto a ropa, música y
accesorios).
La segunda planta fue la usada por los tatuadores, tenía música alta,
producida por DJ’S a modo de ambientar a los visitantes y de hecho, al
subir la escalera uno sentía que entraba a un mundo distinto…
Esta es una exposición que según los tatuadores, fue diferente a las
demás convenciones que se suelen realizar, dado que en esta oportunidad,
no fue organizada por A.U.D.A.C. Así es que, de alguna manera, ellos
parecían darle un poco menos importancia (entre otras cosas porque
muchos se enteraron un día antes del evento).
Eran 10 los locales que presentaron sus trabajos, todos oriundos de
nuestro país, para competir por los premios, competencia que atañe (según
decían) a comparar la calidad de los diseños, así como también, la
originalidad. También, es una oportunidad, como dicen ellos, de ponerse al
tanto de los trabajos de los demás, dado que trabajan diariamente cada
uno en sus locales de forma independiente.
Con motivo de reunir datos para la investigación, aprovechamos esta
instancia para hacer una breve pregunta a los tatuadores: ¿qué significa
este tipo de instancias donde tienen la oportunidad de presentar sus
trabajos al público en general? El sondeo incluyo 6 de los 10 tatuadores.
Entre los entrevistados, pudimos observar importantes aspectos en
común, a la hora de responder dicha pregunta: se puede decir que todos
estaban de acuerdo en que esa es una instancia especial, dado que les
permite presentar sus trabajos del año, para mostrar la calidad de sus
diseños y para competir y ver si han avanzado en sus tatuajes.
Es una instancia para compararse con los demás y conocer el nivel de
los colegas; es para ellos una excelente oportunidad para deshacerse del
estigma que acompaña al tatuaje desde hace varios años, ya que está
abierto al público en general y gente de todo tipo se anima a entrar;
puede conocer así la oferta, preguntar precios, etc. Todos los
entrevistados definieron explícitamente al tatuaje como un arte, un arte corporal
o en piel.
Esta instancia para los tatuadores, no tiene un fin comercial ni
económico, de hecho, suelen perder dinero en estos días, porque deben cerrar
sus locales, pagar el alquiler del stand, pero como uno de los
informantes decía no ganás en plata pero ganás otras cosas…

Es algo bueno y fundamental porque promueve, la gente se informa, ve,
conoce, no hay fin comercial, pierdo plata estando acá…

Es buenísimo por que en estos eventos convocás a la gente, se deja de
lado un poco lo comercial como las letras chinas, acá venís con un
modelo y le hacemos algo bueno. Siempre buscamos que quien se tatúa se haga
algo único, que no quede igual al de otro, se busca exclusividad. Por
medio de estos eventos, cambia más la visión del tatuaje, está menos
estigmatizado, no es para ganar plata; es por amor al arte

Sin embargo, más allá de que muchos tatuadores aprovecharon esta
instancia, sabemos que no tiene la misma repercusión que una Convención
Nacional. Pero, ¿por qué, si éstas se venían realizando, con el correr de
los años no se hicieron más? Cabe destacar, además, el hecho de que este
año (2007) tampoco se va a realizar una Convención Nacional, a lo sumo
se hará otra exposición como la que acabamos de mencionar. Es a través
de esta pregunta, que accederemos a conocer lo que hay por detrás de
estos momentos de reunión y su compleja red entramada relacional.
El tema un poco está en las cuestiones que abocan a la organización de
dicho evento, que por lo que sabemos, incluye un conjunto de
sentimientos, intereses y modos encontrados de llevar a cabo un show de este
tipo.
Tradicionalmente, la Convención Nacional, ha sido organizada por
A.U.D.A.C., así es que el evento del 2006 no fue Convención porque, entre
otras cosas, no fue realizada por esta Asociación.
Básicamente el Presidente, el Vicepresidente y el Secretario de la
Asociación son los tatuadores que llevan a cabo estos eventos, los
programan, organizan, planifican, diagraman y llevan a cabo; trabajo que,
según ellos cuentan, involucra meses de trabajo, de tiempo, de dinero, una
inversión en general que realizan voluntariamente y sin ningún pago
que los retribuya, es más, según nos decían, ellos en realidad no sólo no
ganan nada, sino que, incluso pierden en términos económicos. Todos
ellos coincidieron en que, primero que nada, no es redituable porque
pierden horas para tatuar y trabajar en sus negocios en los meses previos a
la Convención y además ello les hace no poder disfrutar ni prepararse
para la Convención en sí, ya que hasta el último día, están resolviendo
cuestiones de último momento.

Leonardo (Secretario de A.U.D.A.C.): es un evento, es un show, es un
medio poderoso para demostrar la calidad artística, ahí trabajamos
completamente gratis para nosotros y para el resto; yo no las disfruto, no
tengo tiempo de preparar el stand ni de que quede bueno, siempre termino
con un stand que no me gusta

Sin embargo, es de gran importancia destacar que, hasta aquí el
problema no está presente, ya que, éstos tatuadores que trabajan
voluntariamente, conocen de ante mano las contraindicaciones de organizar este tipo
de eventos, y de hecho, el problema no está en ello:

Guzmán (Vicepresidente de A.U.D.A.C.): las convenciones son un hobbie,
porque prácticamente siempre perdimos guita y tiempo y eso para mí es
hobbie, ya que además de saber que pierdo económicamente haciéndolas,
siempre hay ánimo para hacerlas de nuevo

Leonardo: yo organizo las convenciones de acá porque es el evento más
importante que hay en cuanto a tatuaje y el país, un país que hace
convención está en el mundo del tatuaje

Sin embargo, el conflicto surge cuando después de tanto sacrificio,
después de tanto trabajo honorario por el bien de ellos mismos y de todos
los demás, la satisfacción de haberlo hecho, de haber disfrutado la
instancia, parece no llegar…y es justamente en este punto en el que el
disgusto se hace notar.
No nos referimos particularmente al hecho de que los propios
organizadores no se sientan satisfechos, sino al hecho general, de que parece ser
que tampoco los demás pueden aprovecharla como realmente lo desearían
y es acá, en donde entran en conflicto los tatuadores.
Esto ha traído como consecuencia, que muchos de los tatuadores decidan
a priori no participar de ningún evento sea cual fuere sobre tatuajes
en Uruguay, siendo muchas veces éstos, de los más reconocidos o
renombrados en el ámbito incluso a nivel internacional.
Estas son las razones, en parte, por las que ya en el 2006 no hubo
motivaciones para realizar, desde el mundo a la interna del tatuaje, una
Convención Nacional, año en que se realizó entonces, una Expo Tattoo,
exposición organizada por una persona ajena a este mundo, para patrocinar
su galería y darle el toque alternativo, perfil que ésta quiere
lograr.
El hecho es que ahora, en esta exposición, no se presentaron
evidentemente los tatuadores que ya no asistían a la Convención Nacional, sino
que además, no se presentaron por ejemplo, algunos de los tatuadores que
forman parte de la presidencia de A.U.D.A.C. y que por lo tanto
organizaban las convenciones a nivel nacional.
Esto, sin duda es un hecho clave que denota conflicto, ya que si
alguien organiza algo e invierte su tiempo y dinero en ello, es porque tiene
la convicción de que éstas son instancias que el país debe lograr y el
hecho de que no vayan no es que no les importe aprovechar esa
oportunidad, sino que hay problemas más profundos por detrás.

Leonardo: este año no va a haber convención, yo a la Expo Tattoo ni
fui, porque el que la organizó, para hacer la de él, habló de defectos de
la nuestra y eso me hizo chocar un poco y no quise ni ir, además él, no
sabe nada de tatuajes, está completamente ajeno

Todo este tema, se ha hecho notar explícitamente a lo largo de todo el
trabajo de campo, ya que, a la hora de hablar sobre ello, uno se topaba
con las respuestas más variadas, más sorpresivas, más inéditas, más
inesperadas, sobre lo que podían llegar a contestar: tanto desde la
perspectiva de tatuados y tatuadores uno se encontraba desde el rechazo, a
la aprobación total, pasando entre medio por todos los matices y
opiniones que uno se puede imaginar. Notándose así mismo, para el caso de los
tatuadores, grandes problemas entre los colegas, de los cuales éstos,
no se pueden desprender del ámbito profesional, aunque vengan desde lo
personal.

Leandro: es un tema bastante jodido, yo peleé pila por levantar el
tatuaje, sin ganar absolutamente nada, incluso perdiendo tiempo para
trabajar acá en el local, logramos cosas, logramos que creciera pero a medida
que crece aparecen conflictos, porque cuando crece, hay quienes
pueden ir a la par de ese crecimiento, pero otros no y eso genera conflicto;
en la convención hay problemas con los concursos, porque acá los
tatuadores se olvidan que es un show, yo jamás vi los concursos como una
competencia en serio, es para el público, lo que pasa, es que también a
algunos les molesta que los jueces se eligen más o menos ahí, no tenemos
un plantel seleccionado previamente, deberíamos tener jueces que no
estén involucrados en el evento, también te puede pasar que en las
convenciones los jueces no te parezcan demasiado buenos, y eso es solo una
opinión, es un criterio, después, en cuanto a la organización, no veo
grandes problemas, tenemos ganas de darle un cierre a la Convención, hay un
proyecto para el año que viene, pero si te digo hoy, te digo que no

A modo de reflejar la gran diversidad de formas de concebir estos
eventos en el Uruguay, podemos recurrir a las distintas opiniones de los
entrevistados, que a pesar de no ser tatuadores, están metidos muy por
dentro en el mundo del tatuaje, por ser personas que trabajan en las
tiendas, ya sea atendiendo o perforando en algún local:

Mónica: a las convenciones de acá de Uruguay no las considero
convenciones, las considero … un encuentro de pichis, que no tienen idea de
nada, pobres, no, también, están en el lugar en donde viven que no los deja
conocer (…) aparte tienen ego sin conocer nada, solamente porque su
entorno les dice “qué bueno que sos” y se conforman con eso, se piensan
que eso es verdad y están compitiendo por eso, y hay mucha envidia y no
hay apertura mental (…)por eso no me interesan, además la gente
uruguaya es muy cerrada y en la del I.N.J.U. por ejemplo los de la facultad de
Derecho que estaban enfrente, todo el rato preguntaban si dolió y
después que fuiste a convenciones en el resto del mundo, donde no ves gente
con la mente cerrada…(…) no me interesan, ni piso, no sirven para nada

Emiliano: me gusta ir si hay algo novedoso, si técnicamente va a
mostrar algo nuevo, si viene gente de otro lugar. De repente, igual me doy
una vuelta pero a la Expo Tattoo por ejemplo, ni fui, porque no iba a
estar buena; generalmente voy a las convenciones porque compito con las
perforaciones y entonces participo, pero si no, ni iría porque no me
interesa ver gente con tatuajes, no me siento parte de ningún grupo por
eso, ni siento que porque tenés tatuajes tenemos que ser amigos, ni que
vamos a tener cosas en común.

Diego: sí voy porque es algo que lo tenés una vez al año acá en Uruguay
y a veces no lo tenés y está bueno porque estás con gente de tu
trabajo, gente que hace lo mismo que vos, está bueno hablar con ellos, como
tatuado, me gusta para ver cosas nuevas, porque en las convenciones no
ves cosas que ves todos los días, en la calle no ves un rostro tatuado,
ves un tribal, además conocés todos lo tatuadores, está bueno, por más
que no esté trabajando en ese momento igual voy, no ves lo mismo que
todos los días, ves otro tipo de laburos que está muy bueno.

Ignacio: en algún momento participamos, pero después dejamos de
participar, hoy tampoco voy como tatuado, pero no porque no me guste ir, no
voy porque estoy todo el día metido acá adentro con los tatuajes y salir
de acá y ver más tatuajes ah, me estresa inclusive los programas esos
como los de tatuaje ink ni los miro porque es como estar trabajando,
pero si no estuviese laburando acá iría (…); nosotros fuimos a dos y lo
positivo y lo negativo lo hace la gente y hay gente que no sirve para
nada y para ir a pasar mal, ni voy, a los colegas me refiero, con unos
cuantos nosotros tenemos buena onda, pero con otros no hay nada de onda,
y como aparte es muy concurso siempre hay problemas por los premios y
desde el punto de vista de marketing no sirve para nada como para
ampliar el negocio, porque la gente que va a las convenciones es siempre la
misma, son siempre los amigos de los tatuadores (…) pérdida de plata,
pérdida de tiempo de descanso, y además las hacen cuando tenemos más
laburo que estás a full en noviembre, si las hicieran en mayo, junio capás
que no perdés tiempo, como estás al pedo. Perdés plata, pagás stand,
tenés que pagar flete, desarmar el local, armarlo allá, llevar
catálogos, es un traslado… arrancás un viernes, te comés todo el viernes, todo
el sábado, todo el domingo y el lunes tenés que estar acá, a esa
altura, lo único que querés es tener un día de descanso para descansar la
cabeza de la gente

Para el caso de los tatuadores, las opiniones también son
profundamente variadas:

Danilo: sí, fui a varias, pero como no hay una buena organización
dejamos de ir. El tema de la higiene del lugar, cómo se organiza, todo es un
atraso, una cosa es ir a exponer el arte, dedicar tu tiempo y otra
cosa es ir a perder el tiempo, como la vez en A.F.E. que se te cortaba la
luz cada 2 minutos, hablamos de higiene trabajando en condiciones
lamentables con el piso que es un asco y el baño un desastre, básicamente
por eso no voy y me gustaría difundir bien lo que es el arte en base a
una buena organización, trabajando en las condiciones de higiene que
trabajo acá en el local, más allá de lo artístico. Más que una forma de
popularizar es una forma de cocientizar, que además de todo, primero que
nada, es una herida en el cuerpo que te puede traer una complicación, y
después lo artístico, primero prefiero el tema de la higiene porque ¿de
qué te sirve tener un tatuaje y tener hepatitis?, falta en las
convenciones prestar atención en lo sanitario que es lo primordial para mí,
porque es la salud de la gente, hoy no voy ni como tatuador ni como
tatuado, no me interesa porque no parte de una base sana

Nelson: participa el local pero no competimos desde el tatuaje, sólo en
piercing, la verdad no sé porqué, el dueño del local lo prefiere así y
bueno, cuando hay una convención me gusta ir a ver y observando
aprender, sólo en una convención tatué a un modelo que llevé al que no se le
cobró

José: en lo único que quería participar era en piercing porque en
tatuaje no me interesó porque en el ambiente, si bien hay muchos amigos, hay
mucha mierda y para darle margaritas a los cerdos y que se llenen la
boca no participé, sí en piercing porque hice algo que nadie podía
hacer, hice un corsé en la espalda y le encajé 12 aros a la mina en la
espalda, sí mostré unos tatuajes, pero no competí, no volvería a la Expo
Tattoo porque hubo tanta mala leche, por un lado estuvo bueno, porque con
algunos que antes estaba todo mal hicimos un buen vínculo, la idea de
éstas es abrirle un poco la cabeza a las personas, pero acá todavía
falta

Pablo: en las convenciones trabajo con modelos y compito, diseño ahí y
participo, ahí generalmente no cobrás o cobrás bastante más barato,
para solventar los gastos mínimos y no tener pérdidas, es el lugar que
tenés para mostrar tu laburo, ganar un premio, está bueno, además un
trofeo a nivel marketing aumenta la clientela, es como ir a un dentista y
cuantos más diplomas tenga mejor, es una boludez, pero es así, ahí no voy
a trabajar sólo tatúo modelos, porque creo que comercialmente no son
muy redituables, yo voy a ahí a crear, expreso ahí mi arte, porque me
fluyen las ideas, me siento a veces en las convenciones a tatuar a
alguien y no sé ni qué voy a hacer, pero algo va a pintar, ojalá que fueran
más seguido, como tatuado si te interesa el tatuaje en sí, vas

Y en cuanto a la variedad de respuestas, los tatuados no fueron
la excepción:

Fabián: reproducen como se mueve la gente, hay gente que va a caretear,
hay gente que va de culto y a mí los cultos no me gustan a nada, no me
gustan los juegos de rol, a nivel de los tatuadores está bien, ahí es
el negocio de ellos, esa es otra movida, yo te digo la gente que va a
caretear, a las convenciones voy porque voy a acompañar, fui también a
competir, voy más bien a ayudar a Guzmán, porque es una manera de
retribuirle porque es un amigo, porque él me los hace de onda, y le pone
onda, nunca fui a una convención que no fuera Guzmán porque no tengo un
interés específico en ir, no me cuelga nada, ojo si estamos caminado
en la calle y me decís fa mirá una convención ¿entramos?, sí ¿cuánto
sale $200? no ¿$30? Sí, dale vamos, no me interesa conocer la cabeza de
los tatuadores

Ernesto: sí, voy en realidad porque estoy casi siempre en un stand
presentando mi laburo con lo de la aerografía, pero si no voy a exponer,
igual voy porque me atrae el tema, debe ser como aquel que le gustan los
autos y hay una muestra de autos y va. Me atrae el mundo del tatuaje,
el tatuaje en general, me gusta ver (…) es decir hay errores y hay cosas
buenísimas, siempre hay cositas para mejorar, pero sólo voy un día, no
voy los 3 por ejemplo, porque no hay mucho para hacer, pero ta conocés
a todo el mundo

Alicia: voy siempre, me doy una vuelta para ver si me encuentro con
alguien y me quedo hablando, igual no hay nada pa hacer y entonces nos
damos una vuelta, vamos un rato, miramos un rato, porque también, vos
llegás, mirás acá, mirás allá y ya está, volar no te querés volar porque de
donde sea que te fuiste ya te fuiste y ya estás ahí, y ahí quedás
parada como un banana corte acá estamos, estaría bueno que hicieran algo
más, aparte hay cosas que se pueden hacer poniendo un poco de voluntad,
pero yo entiendo a veces llevan bandas y ta, es también la organización
de un toque, pero hay que pensar también que si vos pagás una entrada
querés algo mejor,¿ voy a pagar $80 para ir a ver cómo se tatúa la
gente? no. Tienen que buscar algo que la haga más activa para la persona que
va

Sin embargo en ese punto, la organización, al menos en
teoría, es algo que intenta contemplar, según comentaba por ejemplo uno de
los organizadores:

Leonardo: en el caso de Europa la calidad del evento es baja, porque
allá, alcanza con poner 5 o 6 artistas reconocidos tatuando en vivo, acá
no, acá apuntamos a una calidad de evento para el público, tratamos de
poner actividades como bandas, charlas, más opciones para el público,
las convenciones hacen crecer al tatuaje, levanta la calidad de los
artistas, la expectativa del público hacia los artistas

Resulta fácil observar que el tema de los eventos sobre el
tatuaje en nuestro país es un tema muy controversial, con opiniones
encontradas, problemas entre colegas, insatisfacción de parte del público,
también insatisfacción de parte de los organizadores.
Tal vez sea consecuencia de una falta de comunicación, que
no logre mediar los intereses y fines tan diversos de aquellos que
forman parte directamente de estas instancias, que, tal como muchos lo han
señalado, son momentos por los que el mundo del tatuaje luchó en este
país, para ir haciéndose un espacio y mostrar lo que quieren mostrar,
dejando de lado aquello que lo suele estigmatizar y con lo que la gente a
nivel del sentido común lo tiende a asociar y asimilar.
Sin duda, este tema debe traer a la reflexión de los
involucrados y no nos referimos con ello exclusivamente a aquellos que la
organizan y ponen todo de sí para llevarlas a cabo; sino a todos, para que
traten de buscar puntos en común, intereses afines y que en base a
ello, se logre en futuras oportunidades, un evento mejor: que teniendo en
cuenta lo que espera el grupo organizador, los tatuadores en general y
el público en particular, se puedan contemplar los distintos objetivos
y aprovechar una instancia de este tipo que bien sabemos que desde un
principio no fue fácil de lograr.
Un camino provechoso, positivo y sumamente interesante
sería, que aquellos que tienen críticas hacia los eventos anteriores, en
vez de dejar de ir a las mismos por eso, opten por el camino de
intentar mejorarlos en aquello que les parece que está mal, en fin… no es el
objetivo de este trabajo buscar soluciones ni posibles remedios a este
conflicto, sí plantearlo, mostrar los problemas y qué es lo que buscan
los distintos actores que participan de estos eventos; sería muy
provechoso que estos obstáculos no terminen por derribar los espacios que el
tatuaje va logrando en Uruguay, sino que por el contrario, se puedan
superar y que de ellos se aprenda para poder ofrecer más, ya que tal como
dice el dicho “lo que no te mata te fortalece”.

 

 

 

 

12. CONCLUSIONES

A lo largo de este trabajo hemos mostrado al menos una
faceta de lo que es el tatuaje para algunos sujetos de esta sociedad, a
modo de entender cómo viven esta práctica que literalmente penetra en el
cuerpo de los mismos y que hasta sus últimos días les acompañará.
Fenómenos de este tipo resultan de sumo interés para la Antropología Social,
que justamente busca conocer y reconocer estos espacios de
subjetivación conformados (en este caso) en la compleja red de la urbe del
Montevideo actual; ya que es tarea de la Antropología Social Urbana dar cuenta
de la diversidad existente dentro de las poblaciones en la actualidad.

Luego de este gran recorrido sobre el tatuaje hemos visto que
involucra a un grupo que conforma gran complejidad y que define sus
propios criterios de identidad. Aunque claro es que, a través de esta
instancia, no se busca catalogar quiénes tienen tatuajes “artísticos” y
quiénes llevan lo “comercial”, sino que el objetivo propuesto en esta
oportunidad, fue dar a conocer la percepción de los sujetos que se han
involucrado fuertemente con este modo de decoración corporal.
Hemos indagado sobre un fenómeno relativamente reciente en
nuestra sociedad, nos topamos ante una primera generación de tatuados y
tatuadores y esto nos lleva a preguntar: ¿Qué será del futuro del
tatuaje en el Uruguay?
Frente a esta cuestión uno de los tatuadores nos decía que
para él todo el mundo al llegar a cierta edad, se va a tatuar. Tal vez
lleguemos a tal unanimidad, pero hasta ahora, el futuro que le depara a
esta forma de alteración corporal, permanece incierto y deberemos
esperar para ver qué pasará.
Hoy resulta extraño pensar en gente de la tercera edad con
tatuajes. El tema justamente es que no existen, en la actualidad,
referentes de tal edad que hayan optado por el tatuaje como un modo de
decoración corporal; pero con el sólo correr de los años, sólo con el tiempo,
podremos ver y observar padres tatuados, abuelos tatuados, momento en
que por lo tanto el tatuaje se tendrá que reinsertar y reubicar en
nuestra sociedad: si hoy esta práctica es llevada a cabo por muchos como una
forma (directa/indirecta) de reivindicación social, el tatuaje deberá
pasar por un proceso de resignificación para los futuros sujetos que la
decidan adoptar. Dado que ¿dónde queda la rebeldía de una práctica que
en pocos años ya no será tema de jóvenes y adolescentes nada más? ¿Qué
pasará con el tatuaje si pierde su aspecto trasgresor, cuando nuestros
padres estén tatuados, cuando nuestros tíos, abuelos y primos tengan
tatuajes? ¿Qué valor pasará a tomar? Pues los sujetos que hoy han sido
entrevistados, tendrán hijos y estos crecerán ante un hecho histórico:
con padres tatuados en el Uruguay.
En base a este razonamiento podemos pensar que ya no se
podrá usar como símbolo de diferenciación y búsqueda de alternativas a la
realidad. Si esto es así, el tatuaje deberá ser llevado a cabo con
alguna otra finalidad, deberá buscar nuevos significados…; sea como sea no
es algo que aquí quisiéramos averiguar, no es algo que nos competa, más
que un poco especular. Pero lo que sí sabemos, es que en unos pocos
años estaremos viendo en nuestra ciudad gente de la tercera edad con
tatuajes, hoy algo difícil y extraño de imaginar.
El tatuaje vino para quedarse, tal como se dice a nivel
popular, se trata de algo adictivo: “te hacés uno y no parás” algo que
efectivamente pudimos comprobar en esta instancia para el Uruguay.

A través del desarrollo que hemos compartido en el transcurso
de este trabajo, pudimos conocer cómo apareció el tatuaje en la
humanidad. De ahí que uno de los primeros capítulos se haya referido a la
historia de este fenómeno a nivel mundial, para que luego de tal
contextualización, podamos entender cómo esta práctica se insertó en los jóvenes
actuales de nuestra sociedad, a modo de ver cómo éstos se identifican,
cómo crean sentimientos de pertenencia en función de parámetros
diferentes a los de los demás.
Hemos conocido una clasificación en que se subdivide al
tatuaje por parte de algunos sujetos tatuados del Uruguay, cosa que según
hemos observado, sólo sale a la luz en el discurso privado, pues sólo en
este contexto lo pudimos notar. Sin duda concluimos que se trata de una
forma de expresión con un alto grado de significación, una nueva forma
de escritura en el Montevideo actual.
No ha sido tarea sencilla, a lo largo de toda la
investigación, definir al tatuaje como fenómeno en su generalidad, pero más allá
de la dificultad que hemos encontrado y que han encontrado los sujetos
durante las entrevistas (por ejemplo cuando se les pedía como cierre que
definieran al tatuaje en general), nos animamos a decir que se trata
de una técnica practicada desde tiempos inciertos, que surgió en algún
momento entre el 10.000 A.P. (correspondiente al surgimiento del arte
rupestre) y el 5000 A.P. (primera evidencia prehistórica del tatuaje),
que desde entonces ha tenido desarrollos independientes a lo largo de la
humanidad, así como usos y variaciones de distinta índole y que se
sigue usando aún hoy como un medio de expresión corporal.
La cuestión es que la piel tatuada es un nuevo personaje que envuelve
al actor, un personaje que es suyo, que forma parte de él, pero que
también actúa, que ocupa un lugar propio, que veremos cómo se transforma
con el paso del tiempo y cómo se reinserta y resignifica en nuestro
complejo entramado cultural.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

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14. ANEXO

Utilizaremos esta sección para exponer las fotos de los tatuajes que
tienen y/o que realizan los sujetos investigados a los que hemos hecho
constantemente referencia a lo largo del presente trabajo.
Esto no significa que mostremos aquí todos los tatuajes de los
entrevistados, ni los de todos los entrevistados (dado que algunos han
preferido no hacerlo), asimismo como habrá algunas fotos de tatuajes que no son
de sujetos pesquisados, a las que hemos accedido porque son trabajos
que han hecho tatuadores que sí participaron como informantes de este
proyecto y que consideramos igualmente valedero exponer aquí, ya que
además cumplen con el requisito de ser tatuajes correspondientes al
Montevideo actual.
Merece la pena destacar que se han privilegiado las fotos de los
tatuajes que dentro del mundo nativo se consideran como tatuajes de tipo
“artístico”.
Surgió a lo largo de toda la etnografía, la necesidad de poner en el
trabajo las fotos, ya que no tiene sentido hablar del tatuaje sólo con
palabras, como si las imágenes mismas de éstos no pudieran decirnos nada;
integramos de esta manera la imagen-escritura para definir al discurso
en un amplio sentido -etnografía del diseño-, nace así tal como lo
plantea Barthes una historia de las miradas (en: Guigou, 2006).
Justamente en estos puntos se centra la Antropología Visual, que
intenta acabar con la subsunción de la imagen a la palabra a modo de no
reducir la imagen al signo, optamos así, por el decir-ver, ya que “la
elección no es entre literatura escrita y medios audiovisuales. Es entre
fuerzas creativas (en los medios audiovisuales así como en la literatura) y
fuerzas de domesticación” (Deleuxe en: Guigou, 2001: s.d.).

 

 

Aerografía: técnica de pintura realizada con aerógrafo (instrumento
para ejecutar pinturas por vaporización ya que se emplea el aire a presión
para dispersar el pigmento)
A full: al máximo
Bancar: soportar
Banda: grupo musical
Bo: se utiliza para llamar la atención de una persona; apócope de
“botija”
Boludéz: lo que no tiene sentido
Calienta: enoja
Caretear: acción del careta. Se dice del farsante o hipócrita
Cheto: término despectivo para referirse a cierto grupo de personas que
ocupan (generalmente) las clases medias y altas de la sociedad. Es una
exodenominación.
Cool: lo máximo
Cover up: técnica en la que un tatuaje se tapa con otro
“De más”: lo que agrada mucho
Embola: aburre
Emic: en Antropología se utiliza para hacer referencia al punto de
vista de los investigados
Fa: expresión que refiere a situaciones complejas
Free hand: técnica por la que se tatúa a mano libre o a mano alzada, ya
que nada se calca sobre la piel
Guita: dinero en lunfardo
Henna: tinte natural que se emplea para realizar tatuajes no
permanentes, sin agujas y
por eso no penetra en la epidermis, son por lo tanto temporales e
indoloros.
Hobbie: pasatiempo
Juno: acción de observar
Laburo: trabajo en lunfardo
Letra china: se refiere popularmente a los signos o caracteres de la
escritura china, que más allá del error conceptual, hemos preferido aquí
mantener, porque es el término constantemente usado por los sujetos
investigados
Lienzo: superficie sobre la que trabaja el artista
Loco: muchacho, joven
“Mala leche”: mal intencionado
Miami ink: programa televisivo que actualmente se pasa en el canal de
cable “Peapole and arts”
Mierda: expresión que denota algo desagradable
Mina: muchacha en lunfardo
Neotribal: tatuajes tribales de la actualidad
“No dá”: no amerita
Pichi: término despectivo de menosprecio hacia otra persona
Pila: mucho
Pinta: se refiere a que algo que amerita o da ganas de hacer. // “un
pinta”: un joven
Plancha: endo/exo-denominación de un grupo de individuos que comparte
el gusto por el genero musical conocido como cumbia; generalmente ocupan
las clases bajas y medias bajas de la sociedad.
Ponéle: por ejemplo
Ocre: tienda o local comercial donde se venden muebles
Onda: estilo
Re-: prefijo utilizado para enfatizar lo que se dice a continuación
Rockavilis: grupo de individuos que comparten el gusto por la música de
los 50
Salado: demasiado
Se usa: lo que está a la moda
Ta: confirmación, apócope de “está”
Viste: palabra utilizada para confirmar que la otra persona entendió el
mensaje
Wow: increíble
Zarpado: impresionante




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